martes, 23 de junio de 2020

Reflexiones sobre el dolor y el enfado(cabreo) de un hijo sobre la muerte de su madre en el periodo de Pandemia del COVID-19


Mi madre, fue uno de los números diarios de fallecidos en este país, en una residencia de ancianos.

Yo tenía la responsabilidad de cuidar de ella, el derecho de estar con ella cuando llegara su hora, procurar si fuera posible cogerle de la mano y decirle todo lo que significó para mí y estar a su lado en el tránsito a la otra vida. Y seguro que se sentiría acompañada y feliz de que su gente estuviera cerca de ella.

La residencia tenía la obligación de cuidarla, prestándole todos los servicios que necesitara, tanto médicos como humanos.

Hay un alcalde de ese ayuntamiento, que debe preocuparse de lo que sucede en esas residencias de ancianos.

Tenemos una presidenta de nuestra comunidad de Madrid, que seguro que sabía cómo estaban funcionando las residencias.

Hay un gobierno central, que es la máxima autoridad y también tendría que estar enterado, junto a otras fuerzas políticas afines o de oposición.

Cada uno que asuma su responsabilidad y su culpa, son personas como nosotros y habrá algo por ahí adentro de ellos que cuando pase un tiempo, tendrán que sentarse a reflexionar. “salvo que nadie lo considerase un tema prioritario de gobierno.”

Mi madre fue un numero de esos 500 más o menos, fallecidos ese día, además los medios decían que debíamos estar contentos pues el número de fallecidos había disminuido.

El día 9 de abril, me llaman de la residencia donde se encontraba, y me comunican que mi madre estaba muy malita, que habían hecho gestiones para llevarla a un hospital, pero que no reunía las características que el hospital requería para atenderla pues era mayor y con una enfermedad degenerativa.

Me dicen que esté tranquilo, que tenían medios suficientes para atenderla. A las tres horas me llaman de nuevo para decirme que ha fallecido. No sufrió y causa de la muerte parada cardiorrespiratoria.

La residencia, fue una de las más perjudicadas, me dijeron que le hicieron la prueba y dio negativo, con lo que la trasladaron a otra residencia del grupo en Madrid ciudad. Las causas de la muerte fue una infección respiratoria.

Me facilitan un teléfono de la funeraria con la que trabajan, me dan un presupuesto lo acepto. Por la tarde me vuelven a llamar, pensé que era para darme el pésame, pero no, simplemente me llamaban para decirme si me había puesto de acuerdo con la funeraria, pues mi madre estaba ocupando un espacio y al fallecido no se podía tener más de nueve horas en la residencia.

La funeraria, después de darme unos cuantos lugares para incinerar a mi madre y decirme que mínimo cinco días para incinerarla, llego a un acuerdo, “Todo por teléfono por supuesto”.

A fecha de hoy… tengo un lugar, un día y una hora, y una incertidumbre ya que no se me dijo cuando me darán las cenizas debido a la ley del gobierno de confinamiento.

Y ahora haciendo uso de mi mal estar y cabreo como hijo doliente de la situación que nos ha tocado vivir, os digo querido gobierno tanto central, como autonómico, como resto de fuerzas que se supone que estáis ahí para defender al pueblo, del cual formo parte: se recupera la paga de mi madre y de muchos miles más de jubilados, también recuperáis un 21 por ciento del coste de la funeraria que por mi parte son casi 700 euros, y pobre de mí, lo que tendré que pagar por los derechos de sucesión de lo que trabajaron mis padres, pagando todos los impuestos que les hicieron pagar para que lo heredaran sus hijos en este caso yo, y el día de mañana heredara mi hija si tiene con que pagar. Sino pasara a papa estado.

Eso espero, pues el papeleo no es sencillo, estamos pendientes del certificado de defunción, que es el primer papel para empezar el papeleo, llevo cinco días llamando al teléfono del registro, no lo coge nadie, tampoco te dejan ir al sitio físico para hacerlo, debe ser telemáticamente o llamando por teléfono, me gustaría que por simple placer intentarais meteros en la zona telemática, a ver si sois capaces de hacerlo.


Ahhh y me gustaría que supieran que un numero de esos 500 o más fallecidos que toco ese día, era mi madre una señora de un pueblo de la costa de la muerte, provincia de la Coruña, se llamaba Carmen, todos la llamaban Carmiña y yo, mama.


te fuiste sin más, te queremos