domingo, 19 de enero de 2014

Estar a bien con uno mismo desde la escritura




Escribir posee una capacidad terapéutica que han intuido desde siempre los escritores de todos los tiempos. Su parte racional, ligada al lenguaje, y su parte artística, creativa y emocional, le confiere la propiedad única de aunar estas dos facetas del ser humano.
 
            Gracias a la escritura, la persona es capaz de estructurar su pensamiento, desahogar estas emociones cuando le desbordan, tomar distancia sobre lo que le ocurre, descubrir sus recursos personales, y reflexionar sobre sus deseos, sus relaciones o sus conductas.

 José María Calleja dice: “Escribir tiene algo de terapéutico. Escribir responde a la necesidad, para algunos ineludible, de contar; de contar historias, de elegir bien las palabras que mejor sirvan para contarlas; de contar aquello que uno ve, siente, lee, imagina, vive. Escribir es contar lo que uno necesita contar: contarse a uno mismo o contar a los otros. Pero escribir puede servir, además, para tratar de organizarse la cabeza, para saber lo que le pasa a uno, para volcar algo que de otra forma le quemaría dentro, para salir de un agujero. Digámoslo ya: escribir puede servir para ahorrarse el diván.”

Escribir nos conecta con nuestro “yo” más profundo y se convierte en un sincero ejercicio de autoconocimiento. A través de las palabras concretamos las emociones que hay en nuestro interior. Al escribir aprendemos a explorarnos; pero sobre todo, a materializar la deseada transformación personal.

Escribir las más íntimas reflexiones es un acto terapéutico y un antídoto para la insatisfacción o el sufrimiento. La escritura se convierte entonces en una profunda práctica espiritual.

Si vamos a empezar a escribir, un buen comienzo es saber por qué voy a escribir –aunque no es el único comienzo – Hay muchísimos autores que en algún momento, bien por haber sido entrevistados, bien porque han querido hacer un pequeño autoanálisis, han escrito sus razones para escribir. Benedetti en su libro “Variaciones sobre el olvido” nos cuenta ciertas respuestas como la de José Donoso: “Escribo para saber por qué escribo”, Fred Uhlmann dice: “Escribo por necesidad”, García Márquez responde: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. En el fondo no sabemos por qué escribimos lo que sí sabemos es el enorme placer que produce la escritura y el gran alivio que ofrece como terapia.
 

“Escribir es una catarsis, que le permite a nuestros fantasmas, esos que nos habitan y nos asustan, salir para siempre. Nos permite también guardar en un cofre nuestros más preciados recuerdos, desde el olor a mango maduro de nuestra casa materna, hasta aquella canción con la que nos enamoramos.

Escribir es la posibilidad de crear el mundo que deseamos en el momento en que queramos.”

“Carla Ramírez Brunetti”

            Lo único que hace falta para empezar es un cuaderno y un bolígrafo, o hacer uso de las nuevas tecnologías, como el ordenador. Lo normal es que el  que escribe elija el espacio y el instante que desee.

            Tómese un tiempo para escribir. La privacidad y comodidad son fundamentales. Use al menos 20 minutos para su ejercicio diario. Si no se siente muy  inspirado un día no se desanime, continúe el ejercicio. No censure su texto, escriba lo que quiera y sienta, no tiene ataduras de ningún tipo.

            No se preocupe por la ortografía, ni por la gramática, lo que nos interesa es dejar fluir la información interior hacia fuera.
   

Seria importante llevar siempre una libreta encima donde podamos anotar, pensamientos, sucesos que nos pasan, o los debates internos que experimentamos, para luego una vez en casa y más tranquilos podamos escribir más detenidamente.
 
Algunos ejercicios para realizar:



Como hacer un diario terapéutico:



Fisiología del cerebro

La formación reticular

            Desde la médula espinal hasta el tálamo. Constituye una red de neuronas que ayudan a controlar la excitación y la atención. Con la colaboración de la corteza cerebral, la formación reticular puede permitir que, mientras leemos o escribimos, los estímulos de alrededor parezcan menos intensos haciéndonos menos sensibles a ellos, lo que permite incrementar nuestra concentración en el asunto que tratamos. No obstante, en ese estado de concentración podemos discriminar entre un estímulo importante y significativo y otro que no lo sea, ya que así estamos procesando toda la información ambiental aunque de un modo no consciente. De esta forma reaccionamos ante nuestro nombre o ante el llanto lejano de nuestro hijo aunque estemos muy concentrados, dormidos o distraídos.

Al sentarnos a escribir sobre nuestra vida, sobre nuestro problema, ya sea su sentido, causas o, sobre todo, soluciones, propósitos o decisiones, la formación reticular va a facilitar que esto se convierta en un trabajo intenso y relevante al tiempo que va a permitir que lo “iluminado” en ese tiempo de trabajo sea un reclamo para nuestra atención aun después de acabada la tarea. Por ejemplo, si yo reflexiono, mientras escribo, sobre las tres cosas que mejoraron mi ánimo en la semana y anoto: Reunión de amigos, piscina y concierto. Mi atención a los estímulos que hablen o me recuerden a esas circunstancias en los próximos días se verá incrementada.

Centros de la memoria

Escribiendo insistentemente sobre un recuerdo negativo podemos llegar a perpetuarlo como algo más amenazante de lo que nunca en realidad fue o como algo mucho más benigno. Sabemos también, y hay múltiples experimentos que lo demuestran, al respecto de los cuales nacieron las terapias de desensibilización sistemática, que la exposición, graduada, controlada y segura a un estímulo negativo provoca la pérdida de intensidad en su significado por habituación. Por esto, hablar y escribir de los hechos negativos puede suponer un alivio, sobre todo si va acompañado del trabajo previo, posterior o simultáneo de reencuadrarlo o reestructurarlo en un contexto más positivo.

Hemisferios cerebrales

El proceso de escribir implica de diversa manera a ambos hemisferios, con lo que el trabajo se puede considerar completo, al permitir el aprovechamiento de todas nuestras capacidades. De un lado el hemisferio izquierdo llevará un trabajo analítico-lógico de nuestro pensamiento y de otro lado el hemisferio derecho podrá encontrar posibilidades de manifestarse desde ángulos con los que habitualmente no se trabaja en la búsqueda de soluciones a los problemas, esto es desde el campo creativo, intuitivo, experiencial e imaginativo. Con la escritura y dependiendo de la personalidad, el momento o las circunstancias podemos pasar con facilidad de un lado a otro, de lo lógico a la revelación explosiva que aporta sentido sin que podamos comprender como exactamente.

La terapeuta Carmen Velasco asegura que un estudio de las universidades de Stavanger en Noruega y del Mediterráneo de Marsella en Francia, “arrojó que el escribir con una sola mano mediante lápiz o bolígrafo para dar forma a nuestros pensamientos sobre el papel, estimula las capacidades neuronales más complejas y ejercita más el cerebro que con un teclado”, y que el escribir es una buena gimnasia para el cerebro.

La escritura como recurso en Psicología



Viktor Frankl: “Fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la Logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia, escribió el libro El hombre en busca de sentido.”

“tenemos que guiar al paciente a imaginar su propia vida como una novela en la que él es el protagonista y de el depende el desarrollo de los sucesos y la determinación de lo que va a suceder en los capítulos siguientes. Tenemos que apelar a su persona, a su actividad, invitándolo a imaginar la posibilidad de llegar a un punto extremo y de estar escribiendo su propia biografía. Esto le permitirá actuar con un mayor sentido de responsabilidad”.

Daniele Bruzzone: Pedagogo y miembro del consejo Directivo de la asociación de Logoterapia y Análisis Existencialista Flankliana (ALAEF).
 
“La escritura puede ser una herramienta en la Logoterapia, ya que la escritura es un dispositivo, o sea que es una técnica que le da forma a nuestra historia, a nuestra personalidad. La mente es un aparato generador de textos y de significados, y lo hace de manera narrativa. La mente construye, descontruye y reconstruye el sentido de ese cuento que es la existencia. (…) no transforma los acontecimientos, sino el sentido que estos tienen”.

Alejandro De Barbieri Psicólogo clínico y Logoterapeuta uruguayo, resume las ventajas de la incorporación de la escritura al proceso de psicoterapia, en su articulo “la cura por la palabra escrita”. Y nos dice:

Compromiso:

El invitar al paciente a escribir sobre su proceso, aumenta el compromiso del paciente para con su propio proceso de curación, lo mantiene “conectado” con él mismo y con su proceso, entre una sesión y otra; es decir, ayuda a mantener la continuidad del mismo ya que se reduce el “corte” que algunos pacientes hacen entre una sesión y otra.

 Participación activa:

Lo hace sentirse más activo y disminuye la proyección de la “cura o de la palabra mágica en el terapeuta. El paciente es protagonista de su propia recuperación.”

Expresión de sentimientos:

Facilita la expresión de sentimientos y emociones.

Favorece la derreflexion:

El paciente deja de rumiar sobre sí mismo, para plasmar la idea en el papel.

Favorece el autodistanciamiento:

Tomamos distancia de lo que nos pasa, ya que escribir implica un proceso secundario de elaboración sobre lo vivido.

 
 


Freud destacó la importancia de la escritura en la terapia; y la usó, por ejemplo, para las asociaciones escritas en torno a los sueños. Jung, orienta la escritura en la misma dirección del desarrollo personal, la creatividad y la integración. Otros como Pers, Hafferline, Goldman y tantos otros, han sabido ver en el acto de escribir un método excelente para la mejor comprensión de los problemas, las crisis o los disturbios emocionales.

Haroldo Martínez, psiquiatra general del Hospital Psiquiátrico Nacional de Panamá y psiquiatra de niños y adolescentes de la Universidad Nacional Autónoma de México, expresa que él particularmente suele dejarles tareas a los pacientes, y entre ellas está el plasmar cosas, situaciones y sentimientos en papel. “La autobiografía es uno de los métodos para mejorar el trastorno de estrés postraumático -en caso de violación, maltrato, secuestro u otro suceso-, el cual busca que el paciente pueda normalizar los hechos y proceder a una forma de curación”, asegura el especialista agregando que el hecho de escribir lo que piensa y lo que pasa por su mente es un acto terapéutico. “Así va dejando de tenerle miedo a sus pensamientos”, concluye Martínez.

Quiero citar a Alexis Merchán, un Psicólogo experto en el área vocacional, que habla así sobre la escritura: “Llevar un registro de lo que nos pasa, cómo nos sentimos, o lo que pensamos acerca de nuestra propia vida, además de ser un excelente ejercicio de síntesis, permite conocernos mejor y darle una voz a nuestro interior…cuando escribimos lo que pensamos, logramos tener una mejor perspectiva de las cosas y hacemos trabajar a nuestra mente de una manera más ordenada.”


La escritura como recurso en la enseñanza




El objetivo principal de la educación es propiciar y favorecer el desarrollo de la personalidad de los alumnos. El profesor en el aula no solo tiene en sus manos la posibilidad de transmitir conocimientos, sino una preciada oportunidad de abrirles las puertas a su mundo interior, a sus recursos personales, a su aceptación y valoración como individuos. Las estrategias para conseguir estos objetivos son  múltiples y variadas, y entre ellas se encuentra la escritura.

            La voz, los textos, la palabra escrita, son las herramientas más usadas en el aula para el aprendizaje. El niño aprende con ellas a estructurar su mundo y su realidad, a organizar sus ideas y a expresarlas, a asimilar conocimientos, y a realizar las tareas con orden, lógica, corrección y coherencia.

            Las palabras orales y escritas están a la orden del día en el niño y el profesor debe utilizar esos recursos para ayudar a que se conozcan, reflexionen, fomenten su creatividad, expresen sus emociones o resuelvan sus problemas.

            Los ejercicios de escritura pueden  servir de complemento en las aulas de enseñanza secundaria y en ocasiones en los últimos niveles de primaria, sobre todo desde las sesiones de tutoría. El educador podrá adaptarlos a las necesidades del grupo al que van dirigidos y propiciar no solo que sus miembros reflexionen por si mismos o que se conozcan, sino que se integren en el aula y se acepten entre ellos. Por otra parte, el profesor de lengua y literatura, por la afinidad de su asignatura con esta herramienta, podrá integrar muchas de estas actividades en los contenidos de su programación, contribuyendo no solo a fomentar la creatividad de sus alumnos, sino a su desarrollo como personas.

Tomar una tila, respirar hondo, dormir bien... A las múltiples estrategias para vencer los nervios antes de los exámenes se suma ahora la escritura. Una investigación, publicada en 'Science', recalca las bondades de reflejar por escrito las emociones hacia la prueba a la que vamos a someternos. Esta práctica libera la presión mental y favorece unos buenos resultados. "Una intervención de 10 minutos, previa al examen, (escribir sobre como está uno), y derivada de las teorías psicológicas sobre el estrés y el rendimiento, puede prevenir el agobio y mejorar la actuación, sobre todo entre los estudiantes que habitualmente se ponen nerviosos ante las pruebas", sostienen Gerardo Ramírez y Sian L. Beilock, de la Universidad de Chicago (EEUU).

Como recalcan estos autores, la sensación de nerviosismo que muchos sienten antes de someterse a una prueba 'emborrona' la memoria a corto plazo. Esto se suele traducir en una peor actuación y, por tanto, en unas notas más bajas de lo esperado.

"Escribir podría aliviar la carga de las preocupaciones [...] al ofrecer una oportunidad para reevaluar la experiencia estresante", afirma el trabajo. Bajo esa máxima, se ofreció la oportunidad de expresar por escrito sus pensamientos y sensaciones a varios grupos de estudiantes.


La escritura como recurso de enfermedad




James W. Pennebaker, profesor de Psicología en la Universidad de Texas, que desde la década de los 80 estudia el poder curativo de la escritura, ha investigado el beneficio, no solo a nivel emocional sino también a nivel corporal, que posee esta terapia. Al escribir se ve implicada por un lado, la parte artística, irracional y emocional de la creatividad humana, y por el otro, la parte más lógica, racional y estructurada del lenguaje. Por lo tanto, se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales, que interrelacionados ayudan a la regulación del sistema límbico y el equilibrio emocional. Habla de cómo aquellos traumas vividos, aquellas vivencias que se guardan en nuestro silencio mas profundo, son desencadenantes en muchas ocasiones del estrés, que “Podría acelerar procesos psicosomáticos, incrementando el riesgo de enfermedad y otros problemas relacionados con el. Contener pensamientos, sentimientos o comportamientos vinculados con traumas emocionales, provoca estrés; liberarlos debe, en teoría, reducirlo.”

            Varias investigaciones demuestran que el desahogo emocional que produce hablar o escribir sobre experiencias traumáticas pasadas causa una mejoría sintomática sustancial y duradera en enfermos asmáticos y artríticos, el doctor Valentín Fuster, cardiólogo, elogia los efectos saludables protectores de la comunicación sobre el músculo cardíaco y las arterias coronarias que lo nutren y oxigenan.

Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, Estados Unidos, el cual demostró que apuntar los pensamientos, sentimientos y emociones más profundas de la vida de cada uno de los pacientes podría mejorar el síndrome del colon irritable (SCI). Este hallazgo dejó ver a los realizadores del estudio que cuando la persona escribe con soltura sobre lo que siente, puede beneficiarse a nivel emocional y a nivel físico.

            Cuantas más veces narramos los sucesos y las emociones que nos perturban más fuerza pierden y menos posibilidades  tienen de perjudicarnos a largo plazo.


La escritura terapéutica y su benéfico en el ciclo vital del mayor

 


Nos dice Villar Feliciano: “En los últimos años el enfoque narrativo y en especial el estudio de las historias vitales  ha cobrado un especial interés para la Gerontología. Escuchar como los mayores dan sentido a su vida y son capaces de elaborar historias coherentes ofrece una novedosa orientación para aproximarnos al estudio del envejecimiento y de las trayectorias vitales desde dentro.”

Dentro de este movimiento subjetivista, una de las perspectivas que ha atraído a más interés es el denominado enfoque narrativo, que propone, en esencia, la narración como instrumento fundamental mediante el que las personas dotamos de sentido a nuestra experiencia. Así, somos capaces de explicar nuestras vivencias y comprendemos las vivencias de los demás porque les aplicamos el formato y estructura propia de los relatos, que incluye elementos como los siguientes

(McAdams, 1993):

Un entorno que localiza la historia en un lugar y un tiempo determinado.

Unos personajes, que serán los protagonistas de la historia, y que tienen unos objetivos y motivaciones particulares, en ocasiones contrapuestos.

Una trama, entendida como una secuencia de acontecimientos externos y acciones llevadas a cabo por los protagonistas para conseguir sus metas, elementos que se distribuyen en el tiempo mediante cadenas de causas y efectos. En una historia típica, esta trama genera cierta intriga (motivada por el desconocimiento acerca de si los protagonistas lograrán finalmente sus metas o no), hasta llegar a un clímax en el que la tensión de la historia es máxima.

Un desenlace que pone punto final a los esfuerzos de los protagonistas por lograr sus metas. Llegado a este punto, los personajes se han transformado respecto a cómo eran al inicio de la historia: han aprendido cosas. Eso que los personajes de la historia aprenden es la lección que se pretende transmitir narrando la historia, su moraleja.

 Las narraciones serían una forma fundamental por la que nuestra mente es capaz de dar sentido al mundo, lo que ha llevado a numerosos autores a hablar de la “mente narrativa” (Bruner, 1991). En este contexto, las historias vitales serían un tipo particular de narraciones, aquellas en las que el narrador habla de sí mismo. Es decir, son relatos (generalmente orales, para los escritos se reserva el término ‘autobiografía’) en los que el narrador es al mismo tiempo el protagonista de la historia. Elaborando el relato, el narrador organiza y da sentido a aspectos relevantes de su propia vida y permite entender los cambios que se han experimentado durante cierto periodo concreto de su trayectoria evolutiva.”

Podéis ver el artículo completo en:


 
Documento “Emociones y taller de escritura en adultos mayores”:


 
 

BIBLIOGRAFIA:

 

VILLAR, Feliciano (2006). “Historias de vida y envejecimiento”. Madrid, Portal Mayores, Informes

Portal Mayores, nº 59. Lecciones de Gerontología, VII [Fecha de publicación: 29/06/2006].

<http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/villar-historias-01.pdf>
 

Adorna Castro, Reyes. Practicando la escritura terapéutica, 79 ejercicios, Desclée de Brouwer. Bilbao, 2013.

Kohan, Silvia. La escritura terapéutica, Editorial Alba, 2013.

Rodríguez, Manu. Manual de escritura curativa, Editorial Almuzara, 2011.

Bruder, Mónica. Escritura y cuento terapéutico, colección Hormé,

 
Algunos ejercicios:

Ramírez Brunetti, Carla. Use el lápiz y sea feliz


 
estudio:


 

domingo, 8 de diciembre de 2013

PEDAGOGIA DEL HUMOR (2ª parte)

Reunión de miembros de humor aula
 
 
Funciones del humor
 
Nos dice Jesús Damian en uno de sus artículos, que el sentido del humor aplicado  a la educación desempeña una serie de funciones de un incalculable valor pedagógico. Seguidamente realizaremos un repaso por cada una de ellas.
 
1-      Motivadora
Mediante esta función el sentido del humor consigue despertar en los educandos el espíritu de búsqueda e interés por la materia. Las personas debidamente despiertas descubren nuevos horizontes de aprendizaje. Aumenta el gusto por el saber y la necesidad de comprender todo cuanto le rodea. Fomenta una actitud positiva ante la tarea.
 
2-      Función de camaradería y amistad
Ayuda a establecer sanas y correctas interacciones entre los sujetos. Se fomenta la unión y cooperación entre los miembros del grupo. Ayuda a compartir el tiempo necesario para la realización de tareas. Posibilita un clima de cordialidad y confianza. Refuerza y consolida los lazos de amistad.
 
3-      Función de distensión
 
El humor y la risa funcionan como válvula de escape ante situaciones imprevistas o conflictivas. Ayuda a liberar la tensión acumulada. Ayuda a relajar la tensión muscular. Es un alivio en los momentos de crisis o de conflicto. Ayuda a desdramatizar las preocupaciones y vivirlas positivamente.
 
 
4-      Función de diversión
Mediante esta función se experimentan sensaciones de alegría y de estar contento. Se goza en compañía de los otros. Se vivencia de reír juntos.
 
 
5-      Función defensiva
En ocasiones el humor se utiliza para defenderse de sus adversarios. Se consigue reír uno de sus propias faltas o dificultades antes de que lo hagan los otros. Por medio de esta función se consigue debilitar y contener los ataques explícitos o entrevelados de los supuestos enemigos. Uno se muestra frágil y sobre todo humano, lo que hace ganarse la aprobación y sobre todo afecto de sus contarios.
 
6-      Función intelectual
La utilización del humor en la educación hace desarrollar el componente cognitivo y racional de los sujetos.
Ayuda a desterrar los pensamientos distorsionados. Favorece el análisis de las situaciones teniendo en cuenta todos los elementos que la conforman. Ayuda a establecer conexiones nuevas. Se potencia la imaginación como herramienta para conseguir el deseado cambio de la sociedad.
 
7-      Función pedagógica
Ante la pedantería del método, el sentido del humor aplicado al campo educativo consigue que se mejore y agilice los procesos de enseñanza y aprendizaje. Asimismo ayuda a mejorar la relación entre los agentes protagonistas de la educación. Dicho de otra manera más sencilla, por medio del sentido del humor se enseña mejor y se aprende con mayor facilidad.
 
8-      Función terapéutica
No podemos obviar la función terapéutica del humor cuando hablamos de la educación desde el punto de vista de la prevención terciaria o resocialización terapéutica.
 
 
 
 
Justificación de una enseñanza con humor
 
Jesús Damián Fernández. Pedagogía del humor (en "El valor terapéutico del humor", Desclée De Brouwer. Bilbao, 2002)
 
"Aplicar el sentido del humor en la educación nos ayuda a superar las frustraciones, a relativizar los fracasos, a sobrellevar los desencantos, a desterrar los momentos de apatía y desánimo con el objetivo de establecer una buena comunicación con nosotros mismos y con el entorno en donde realizamos nuestra labor educativa.
"Asimismo el sentido del humor empleado en el campo educativo nos proporciona nuevas perspectivas para analizar la realidad. Nos descubre divertidas formas de enfocar nuestro trabajo. Nos muestra nuevos métodos de intervención. Nos invita a estar más despiertos. Potencia nuestro ingenio y creatividad. Ayuda a construir y diseñar originales instrumentos y recursos educativos."
 
Por último aplicar el sentido del humor como elemento didáctico motiva a los educandos para el aprendizaje. Los predispone en una inmejorable actitud positiva. Posibilita un clima distendido y agradable. Favorece la empatia del educador. Potencia la simpatía entre el educador/educando. Facilita nuevas herramientas de trabajo. Ejercita creativas destrezas y habilidades docentes.
 

Dimensión cognitiva del humor


Los estudios sobre el humor coinciden en que éste tiene una dimensión cognitiva: permite  o facilita el acceso al conocimiento.
  • Por un lado, como dice Peter Berger, la perspectiva humorística (la visión desde el humor) desvelaría aspectos de la realidad que cuestionan los prejuicios o puntos de vista subjetivos del observador.
  • Por otro lado, esta perspectiva permitiría captar aspectos de la realidad ocultos desde una visión "seria", no humorística.
Tanto la superación de la subjetividad como el descubrimiento de otras perspectivas de la realidad tienen una importancia fundamental en el mundo educativo, ya que son condiciones imprescindibles para cualquier aprendizaje creativo y liberador. Con más razón, en el campo de la educación en valores.
Con este objetivo, la incorporación de la dimensión cognitiva del humor se puede plantear a través de dos vías: como propuesta de trabajo dentro de una materia concreta (tomando como punto de partida y motivo de reflexión el chiste, el gag, la película cómica, la música humorística, etc.), o como actitud general (el sentido del humor) promovida por el educador en las relaciones del aula.
En relación a la primera vía (en la que basamos las propuestas que presentamos), quizás nos pueda servir de referencia y estímulo los chistes que los humoristas gráficos publican en los medios de comunicación, al constatar como de hecho imparten (al menos en ocasiones) una especie de "educación no formal" de la sociedad, a veces con un alto grado de incidencia y efectividad. La segunda vía, la importancia de la incorporación del sentido del humor a las actividades cotidianas, la comentaremos más adelante.
 
"La falta de sentido del humor es una desventaja cognoscitiva: excluye la posibilidad de determinadas percepciones y puede que incluso impida el acceso a todo un ámbito de la realidad."
Peter Berger. Kairós. Barcelona, 1999
 
 Precauciones:
 
Teniendo en cuenta el marco educativo en el que nos movemos, la descripción hecha anteriormente de los modelos humorísticos adecuados a nuestros propósitos habría que completarla con lo que podríamos llamar el principio de la oportunidad o del "uso juicioso" del humor en el aula:
"El éxito de enseñar con humor dependerá de qué tipo de humor se usa, si se hace bajo circunstancias apropiadas, en el momento oportuno y de la manera pertinente".
Carlos Alemany y Raúl Cabestrero. "Desarrollo del humor: estudios e investigaciones" (en "El valor terapéutico del humor", Desclée De Brouwer. Bilbao, 2002)
En este sentido, será adecuado además tener presente la reflexión que nos hacen los mismos autores sobre algunos eventuales peligros del uso del humor. Una reflexión que, adaptada libremente al entorno educativo (el texto original está orientado a la relación entre terapeutas y pacientes), podría quedar así:
  • Un educador inseguro puede emplear el humor como defensa en lugar de como medio para transmitir los valores y/o conocimientos oportunos.
  • Eventualmente, esta inseguridad puede llevar al educador, en un momento dado, a emplear la sátira sobre alguno de los alumnos (con el peligro añadido de que el alumno satirizado sea a su vez objeto de actitudes despreciativas o agresivas por parte de otros alumnos o del grupo en general).
  • El educador puede priorizar la búsqueda de la propia popularidad sobre la transmisión de valores o la exposición de la materia correspondiente, distorsionando los auténticos objetivos y poniendo en peligro su consecución.
  • Si no se emplea con cuidado el humor, el educador puede transmitir la idea de que la materia correspondiente no es algo importante, con lo que puede desviar la atención de los alumnos de la verdadera finalidad de la actividad.
  • Esta falta de cuidado también puede fomentar las salidas de tono y las payasadas por parte de los alumnos (sin ninguna relación con el sentido del humor que se pretende fomentar), dificultando por lo tanto el trabajo serio y en profundidad que se persigue.
 
Peter Berger, por su parte, nos advierte:
 
"La capacidad de ver las cosas desde una perspectiva cómica no es necesariamente una cualidad moralmente admirable. La aptitud para lo cómico puede emplearse para una serie de objetivos moralmente reprobables. De hecho (...) el ingenio se puede ejercer con malicia y puede ir asociado a una actitud de nihilismo moral."
Risa redentora. Kairós. Barcelona, 1999
 
 
En definitiva: como sucede con todas las herramientas, dependerá de la habilidad y la honestidad con que se utilice el humor que los resultados que se obtengan sean más o menos positivos. Lo que está fuera de toda duda en cualquier caso es que las posibilidades que ofrece el humor en el aula son muchas (como actitud en general, y como material de trabajo en propuestas concretas). Las cautelas expuestas no pretenden desincentivar su utilización, sino recomendar su uso atento y responsable.
 
 
grupo humor aula 2007
 
 
El humor en educación
 
Todo ha cambiado enormemente en los últimos años a nivel mundial. ”Estamos asistiendo a la irrupción de lo precario, lo impreciso, lo informal en esta fortaleza del empleo de occidente. .. La inseguridad se va extendiendo y será endémica en capas medias aparentemente bien situadas... pronto sólo uno de cada dos empleados tendrá un puesto de trabajo fijo a tiempo completo”. Parece como una marea negra que se extiende por doquier.
Nosotros nos enfrentamos a nuevas situaciones en el trabajo, queremos resolver los problemas como hace años. Y las soluciones no funcionan. Los alumnos son más difíciles hoy día. Ya hay muchachos que se enfrentan abiertamente. A estos hechos se añaden actos de gamberrismo, pintadas en pupitres o paredes, desapariciones de móviles, libros, compases o rotuladores, que realmente le hacen a uno pensar que si una de las asignaturas de la carrera hubiese sido “investigación policial”, uno estaría con más recursos ahora.
La autoridad y el respeto a los profesores, que antes era normal, ahora los tienen que ganar a pulso clase a clase. Los padres apoyaban el trabajo del profesor. Ahora, con frecuencia hacen lo que sea para defender siempre a sus hijos.
            Todo esto hace imprescindible que se produzca un cambio en la manera de educar de los docentes. Un nuevo modelo de enseñanza que cada vez más se extiende en múltiples empresas y trabajos es la enseñanza desde el sentido del humor.
 
 
Definición
 
Definir lo que es el sentido del humor no es tarea fácil. Se trata de un concepto que designa una actitud humana, un determinado talante ante la realidad en que vivimos y, por tanto no es un simple fenómeno, un hecho que podamos aislar, analizar y catalogar al lado de otros. Si se atiende a sus manifestaciones externas de modo exclusivo o principal, puede llegarse a desvirtuar su naturaleza, y no ser capaces de entender su profundo sentido: una persona con cosquillas fáciles no es, obviamente, una persona con sentido del humor, aunque éste se encuentre muy ligado a la risa y a la sonrisa; ni tampoco un espíritu burlón es fruto del sentido del humor, sino más bien su degradación o empobrecimiento. El sentido del humor se relaciona con rasgos tales como agudeza, finura, alegría, oportunidad, serenidad, ecuanimidad y muchos otros. Pero intentar su comprensión por medio de estos rasgos característicos puede ocultar su naturaleza en una maraña analítica de factores y sus relaciones. Por todo esto, en las líneas que siguen se intentará una explicación del sentido del humor partiendo de la definición de distintas personas.
            Atendiendo a la definición de Octavio Paz: "Aprender a ser libres es aprender a sonreír". Se debe aprender a poner de relieve la importancia del sentido del humor en la vida cotidiana. Entendiendo por sentido del humor concretamente la capacidad de saber reírse de uno mismo, de no tomarse demasiado en serio y, por lo tanto,  la capacidad también de aumentar nuestra empatía hacia los demás. El sentido del humor así entendido es una buena herramienta (no la única, pero sí muy útil) para conseguir nuestros propósitos: la construcción de un mundo más amable y más justo, en el que los derechos de todos sean más respetados. Estamos convencidos de su utilidad y de su alta rentabilidad: todos, alumnos y profesores, podemos sin duda aprender a utilizarlo de forma saludable, sacándole un mayor partido.
 
Eduardo Galeano afirma que "El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed". Él piensa que sin sentido del humor, los derechos humanos quizás no se morirían de sed... pero sin duda la tristeza los acecharía y, a lo mejor, se morirían de melancolía.
 
Ricardo Yepes Store define el sentido del humor como: "El sentido del humor es sentido del fin, y esto es, así mismo, esencial en educación. El educador precisa, antes que nada, saber cuál es el fin de su acción, porque sólo así sabe utilizar eficazmente los medios de que dispone, y sabe incluso encontrar nuevos medios. Le es esencial al educador tener un sentido profundo del fin para no caer en una trampa mortal que Buchíer llamaba "adoración del método". Educar no es conocer bien los métodos educativos, sino tener sentido del fin y poder, así, convertir los medios en métodos educativos. La metodología educativa puede aconsejar una acción, pero si la realidad aconseja otra, el educador prudentemente desatenderá la metodología. Y lo hará con sentido del humor, con alegría; sabiéndose reír de esa metodología que le era tan querida."

            Por último Germán Payo dice que su definición más adecuada de sentido del humor es “el modo diferente de ver la realidad, que determina un modo de sentir y actuar, o como decía Mingote el humor es darse cuenta de que todo es relativo.
            La pregunta que surge entonces es: ¿se puede desarrollar el sentido del humor? Hay gente que parece que ha nacido con el ingenio puesto y reaccionan ante todo con la maestría de un profesional de la comedia. Germán Payo dice que el modo de ver, dirigido a nosotros mismos y a lo que nos sucede, puede entrenarse, volverse más flexible, más creativo, más divertido y eso está al alcance de todos, no sólo de los más graciosos, con un poco de entrenamiento. La razón es que todos somos inteligencia y podemos usarla.
Esta afirmación es básica para fundamentar el proyecto que desarrollaremos más adelante. Nuestro objetivo será enseñar a los profesores de centros de educación primaria a impartir la docencia desde el humor para evitar problemas como el estrés.
 
 ¿En qué consiste?
 
El que tiene sentido del humor es un buscador incansable del ser real de las personas en medio de las apariencias inmediatas que se traducen en el humor, bueno o malo. Es un rastreador constante de la alegría, como primer efecto de esa consideración de la bondad del ser personal. Por eso, es un buscador de la risa y de la sonrisa. Pero no toda risa y toda sonrisa le satisface, sino sólo aquélla que surge de la búsqueda de lo bueno en medio de lo que parece malo. De ahí que la burla, el sarcasmo y -frecuentemente la ironía no sean manifestaciones del sentido del humor, aunque te hagan reír o sonreír; pues éstas, en efecto, no responden a esa búsqueda de la bondad permanente en medio de los humores transitorios. Por el contrario, la burla y el sarcasmo persiguen resaltar lo malo, lo defectuoso. Un ejemplo está en las parodias o imitaciones personales: pueden hacerse con sentido burlesco, acremente, exagerando los defectos y complaciéndose en ellos; pero también pueden hacerse con sentido del humor, con dulzura, mostrando tanto los defectos como las buenas cualidades, enseñando el humor de la persona parodiada, es decir, dando ligereza a lo que resulta de suyo grave o solemne. La parodia hecha con sentido burlesco invita al menosprecio; en cambio, la parodia que proviene del sentido del humor propicia el cariño entrañable a la persona parodiada. Por eso, se considera propio del humorista el que dirige su sentido del humor hacia sí mismo en primer lugar.
Decía Hermann Nohí: un niño es una cosa muy seria, pero, ¿quién puede tomárselo en serio solamente? Para este autor, el sentido del humor es uno de los tres rasgos principales que conforman el ser del educador.
 
Objetivos del humor en educación
Cualquier manifestación humorística puede ser usada con intención educativa. Así, la llamada Psicología positiva impulsa todo lo necesario para que el cuerpo fortalezca la salud. Sus objetivos son:
 
  • Potenciar una serie de cualidades y recursos personales que desarrollen la salud mental.
  • Prevenir los trastornos.
  • Fomentar la agilidad mental.
  • Ayudar a mantener la constancia.
  • Exaltar el entusiasmo del docente.
  • Fomentar el control de los impulsos, el tesón.
  • Ejercitar la intuición.
  • Mejorar las habilidades sociales.
  • Ayudar a adquirir una  percepción adecuada de las situaciones.
  • Dominar el manejo de las emociones.
  • Aumentar la paciencia.
  • Intensificar la curiosidad y
  • En definitiva mejorar el sentido del humor.
Sin más, debemos recordar que la educación no es una mera habilidad para hacer que las personas actúen a su antojo y aprendan cuanto uno desee. La educación es también escuchar, elegir el momento adecuado y permitir al alumno manifestarse espontáneamente, facilitando su felicidad, la sociabilidad y el desarrollo de sus facultades emocionales. Y para ello ¿Qué mejor instrumento que la risa?





 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
-          Díaz Martínez, José Ramón. Proyecto: “El sentido del humor, su repercusión en la calidad de vida de adultos y mayores”.
-          Payo Losa, Germán “Taller: Prevención de riesgos psicosociales a través del humor. Reírme de mí mismo”.
-          Payo Losa Germán (1994), Cuando el humor entra en la escuela. Rev. Cuadernos de Pedagogía nº 228
-          Página Web: www. Monografías.com.
-          Camacho Pérez, Salvador “El humor en la educación” Universidad de Granada.
-          Damian Fernández, Jesús. Pedagogía del humor (En “El valor terapéutico del humor”, Desclée de Brouwer. Bilbao, 2002.
-          Larrauri, Begoña. (2006). Programa para mejorar el sentido del humor. Madrid: Pirámide