jueves, 11 de abril de 2013

VALORES HUMANOS, ¿UTILIZAMOS EL SENTIDO COMÚN?

Introducción:



Diariamente asistimos a una continua pérdida y un abuso de fuerza desde los más diversos ámbitos como el de: los medios de comunicación, la política, los mercados financieros, la religión, el deporte y tantos otros que condicionan o influyen en nuestras vidas.


Estamos en un mundo cambiante donde las personas tenemos dos opciones, o nos dejamos llevar o marcamos un alto y dejamos que nuestro sentido común se plantee alternativas.


Día a día vemos como a nuestro alrededor se van produciendo una serie de acontecimientos que nos dicen que nuestro mundo está cambiando y que necesitamos reflexionar y preguntarnos donde están esos valores, esa ética, esa moral y esas virtudes tan necesarias para una buena convivencia entre las personas.


Difícil situación con la que nos encontramos en nuestro mundo, con esta crisis que estamos padeciendo, donde:


• No se respetan los derechos humanos.


• Se pierde el valor del trabajo y el esfuerzo, vemos grandes profesionales, personas de una gran valía en el paro y por otro lado podemos ver distintas cadenas de televisión y empresas que contratan personas por su condición de ser hijo de o pareja de etc.


• Preocupación por una sociedad que permanece muda ante una población de seis millones de parados, personas que están echando de su vivienda y que ya no tienen ni para comer.


• Voces continuas de alarma de Asociaciones y ONG del enorme aumento de la pobreza en nuestro país y nuestros políticos están en el dialogo del “TU MAS”.


• Hambrunas en el mundo que provocan que la gente se muera de hambre.


• Sufrimos un aumento de corrupción, en todos los niveles y vemos impasibles como estas personas ni van a la cárcel, ni devuelven el dinero que robaron.


• Las estadísticas nos dicen que un gran porcentaje de la población desconfía de sus políticos muchos de ellos condenados por corruptos y otros muchos con procesos abiertos.


• Nos olvidamos del amor a nuestros mayores.


Necesitamos entender que esta pasando, que provoca que permanezcamos mudos ante todo lo que esta ocurriendo en nuestra sociedad. ¿Dónde esta nuestra dignidad y nuestro respeto por los demás?


Los valores están devaluados, es un producto que ya nadie usa y lo que debemos conseguir es volver a creer en ellos y utilizarlos ya que nos mejoran como personas.


Si la formación que damos al niño enseñándole los valores desde muy pequeños esta fortalecida, lograremos que sean los primeros en defender y respetar los derechos de las personas. Si las escuelas y las familias educan a sus hijos en valores se asegura que estos sepan respetarse y respetar a los demás, haciéndose personas felices y a su vez hagan felices a los demás.


En este articulo me gustaría trasmitiros que esos valores están en nosotros y están esperando a salir a la luz, por lo que es hora de reflexionar y ponernos a trabajar.


Definición


“Intenta no convertirte en un hombre de éxito, sino en un hombre de valores”

ALBERT EINSTEIN

“Los valores no son más que palabras, pero resultan muy poderosos cuando se trasladan a la acción real”

SIMON L. DOLAN



Nos vamos adentrando en el concepto de valor cuando detrás de cada conducta que tenemos y de cada decisión que tomamos vemos que algo nos importa o no importa, que vale o no vale. Esto nos dejará construir un mundo más humano, más justo, solidario. Nos ayuda a tener una visión más amplia de lo que sucede a diario con el comportamiento de algunas personas y sus relaciones con los demás.

Recuperemos los valores esenciales como el respeto, el amor, la sinceridad, la generosidad, la alegría de vivir, la tolerancia, la justicia, la fidelidad, la sencillez y la naturalidad, la confianza y la esperanza, la fortaleza, el sentido del humor, la disponibilidad, la lealtad, la amistad, la buena voluntad, etc…

Apostemos por una mayor consciencia que, sin duda, nos llevará a mayor calidad, más productividad y menos estrés. Retomemos los valores familiares, las amistades, el placer interior. Volvamos a la pequeña comunidad versus lo globalizado. Se avecina el triunfo del sosiego y la atención, porque la felicidad es inversamente proporcional a la aceleración, y porque solo en el vivir pausado conectamos con lo más esencial.

Se debe facilitar la comunicación entre padres e hijos con lo que se alcanzará una experiencia mutuamente beneficiosa para el crecimiento personal.

Los valores que poseemos representan quienes somos realmente y reflejan nuestra esencia personal e individual. Nuestros valores subyacentes son decisivos en nuestra manera de expresarnos y de relacionarnos con las personas, las cosas y el entorno. Nuestros valores determinan nuestra conducta, nos sirven de brújula y nos muestran la importancia de nuestras acciones y que es lo que significa ser fieles a nosotros mismos.

Fundamentos de los valores humanos

Los valores humanos son aquellos bienes universales que pertenecen a nuestra naturaleza como personas y que, en cierto sentido, nos humanizan, porque mejoran nuestra condición de personas y perfeccionan nuestra naturaleza humana.

Si no descubrimos lo que somos, tampoco descubriremos qué valores nos convienen. Cuanto mejor percibamos nuestra naturaleza, tanto más fácilmente percibiremos los valores que le pertenecen.

Hay una diferencia entre los valores humanos en general y nuestros propios valores personales. El concepto de valores humanos abarca todas aquellas cosas que son buenas para nosotros como seres humanos y que nos mejoran como tales. Los valores personales son aquellos que hemos asimilado en nuestra vida y que nos motivan en nuestras decisiones cotidianas.

Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en su vida, sus padres, hermanos, parientes y posteriormente amigos y maestros.

Recordemos que una persona valiosa, es una persona que posee valores interiores y que vive de acuerdo a ellos. Un hombre vale entonces, lo que valen sus valores y la manera en como los vive.



Una clasificación jerárquica de los valores


1. Los valores biológicos o sensitivos no son específicamente humanos, pues los compartimos con otros seres vivos. Entre ellos están la salud, el placer, la belleza física y las cualidades atléticas. Desafortunadamente, muchos ponen demasiado énfasis en este nivel. No es raro escuchar frases como ésta: mientras tenga salud, todo lo demás no importa. Según esto, uno lo pasaría mejor siendo un saludable jefe de la mafia que un enfermizo hombre de bien. No eres más persona porque seas sano o bien parecido. Eso no aumenta tu valor.

2) Los valores humanos inframorales son específicamente humanos. Tienen que ver con el desarrollo de nuestra naturaleza, de nuestros talentos y cualidades. Pero todavía no son tan importantes como los valores morales. Entre éstos están los intereses intelectuales, musicales, artísticos, sociales y estéticos. Estos valores nos ennoblecen y desarrollan nuestro potencial humano.

3. Los valores morales o éticos son superiores a los ya mencionados. Esto se debe a que tienen que ver con el uso de nuestra libertad, ese don inapreciable y sublime que nos permite ser constructores de nuestro propio destino. Estos son los valores humanos por excelencia, pues determinan nuestro valor como personas. Incluyen, entre otros, la honestidad, la bondad, la justicia, la autenticidad, la solidaridad, la sinceridad y la misericordia. Cada valor apoya y sostiene a los demás; juntos forman esa sólida estructura que constituye la personalidad de un hombre maduro.

4. Hay todavía un cuarto nivel de valores, el más elevado, que corona y completa los valores del tercer nivel, y que nos permite incluso ir más allá de nuestra naturaleza. Son los valores religiosos. Éstos tienen que ver con nuestra relación personal con Dios, por la que uno libremente opte.


Algunas opiniones

“El sentido común” articulo del País


George F. Loewenstein (economista), hizo entre los años 2005 y 2010 una serie de investigaciones. Estas se centraron en los antagónicos efectos emocionales que producen la codicia y la generosidad. Para ello realizó un experimento sociológico con un grupo heterogéneo de seres humanos.


Experimento:

Seleccionó a 60 personas de diferentes edades, sexos, razas y profesiones, las cuales, a su vez, tenían múltiples divergencias en el plano social, cultural, económico, político y religioso.

El primer día los participantes fueron divididos en dos grupos de 30 personas. Todas recibieron 6000 dólares (unos 4.520 euros). A los miembros del primer grupo se les pidió que en un plazo de dos meses se gastaran el dinero “en regalos a sí mismos”. Y a los integrantes del segundo grupo se les dijo que usaran los 6000 dólares “en regalos a otras personas”.


Dos meses más tarde se obtuvieron resultados opuestos. La satisfacción de los miembros del primer grupo había durado “relativamente poco”. Según las conclusiones, “tras el placer y la euforia inicial que les proporcionaba comprar, utilizar y poseer determinados bienes de consumo, los participantes enseguida volvían a su estado de animo normal”. Con el paso de los días, algunos incluso empezaban a sentirse tristes, vacíos y decaídos, por no poder mantener la excitación conseguida con el consumo.

Por otro lado, los miembros del segundo grupo se habían sentido “mucho más satisfechos y plenos” que los del primer grupo. “El hecho de pensar de qué manera podían utilizar el dinero para beneficiar a los demás, ya era motivo suficiente para que los participantes experimentaran un bienestar interno”. El agradecimiento de las personas regaladas provocaba en los participantes una intensa sensación de plenitud, que permanecía horas y días.


El Egocentrismo, la codicia y la orientación al propio interés traen una sensación de vacío, sinsentido, escasez e infelicidad, mientras que el altruismo, la generosidad y la orientación al bien común son fuente de plenitud, sentido, abundancia y felicidad”. Loewenstein corroboro así de forma científica y empírica que a nivel emocional “recibimos lo que damos.


Enrique Miret Magdalena

Vivimos en una sociedad que, a pesar de todos sus adelantos, no nos acaba de gustar. Nos sentimos en ella parcialmente insatisfechos.


Es cierto que el egoísmo reina en nuestra sociedad, pero hay que esperar a que ocurra un desastre inesperado para que surjan los impulsos altruistas que llevamos dormidos dentro de nosotros.


No todo está perdido. Ese altruismo dio pie a la creación de ONG y numerosas asociaciones de voluntarios para todos los ámbitos.


Al hombre actual lo define la magnificación del consumo por el consumo, que desean fomentar el grupo de intereses para su beneficio.


Debemos partir de una regla de oro” no hagas a los demás lo que no quieras para ti”. Pues la esencia de la realidad es la relación recíproca.


Importancia de una ética cívica que ponga por delante la convivencia de todos sin discriminación alguna por raza, sexo, condición social, religión o ideología, donde la base fundamental seria entenderla como una ética de la amistad.


Todos quieren que sea el otro el que cambie, el que dé el primer paso.


Bernabé Tierno


Los valores se confunden con las cosas, constituyen su entraña. La perspicacia intelectual del hombre ha de servirle para descubrirlos, es decir, saber descifrar por qué una cosa es buena.


Descubrir los valores sólo es posible a quien mira positivamente el mundo, al que previamente ha comprendido que todo lo que existe “existe por algo y para algo”; que cualquier ser, por pequeño que sea, tiene su sentido y su razón de ser, es decir VALE.


El doctor López Herrerías

El doctor López Herrerías, en su libro El profesor-educador: persona y tecnólogo, cuando presenta el modelo integrado del profesor, insiste de manera especial en la dimensión personal, la que soporta los auténticos valores humanos en que se ha de llevar a cabo la acción educativa. Se refiere a esas tres rarezas: libertad, creatividad y dialogicidad, que en definitiva permiten al hombre ser persona, decidir sobre sí mismo. Estos tres núcleos valorativos que tan acertadamente señala el profesor Herrerías se nutren, activan y proyectan desde el que personalmente considero valor de los valores: la aceptación de sí mismo. Amarse a sí mismo es la decisión más importante que debe tomar todo ser humano a cada instante, en todas las etapas de su vida, tanto en la infancia como en la ancianidad. El problema radica en que aceptarse y amarse a sí mismo exige aprendizaje, nos lo han de enseñar desde la cuna y debemos seguir aprendiéndolo a lo largo de toda nuestra existencia.


La aceptación de si mismo está en constante interacción y retroalimentación por vasos comunicantes con la libertad, creatividad y actitudes dialogantes.


Alguien ha dicho que la aceptación incondicionada de sí mismo es «la primera ley del crecimiento personal». La primera cosa que poseemos es nuestro propio ser. El primer valor con que nos encontramos en la vida somos nosotros mismos. Es inútil querer realizarnos sin querer reconocer lo que de verdad somos.


Educar en valores


"El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer."


HOWARD GARDNER

"Educar a los niños, y no tendréis que castigar a los hombres."

PITÁGORAS

"El hombre no es más que lo que la educación hace de él."

KANT


Pedagogía de los valores

Es una pedagogía de encuentro entre todos los que creen que la vida tiene un sentido, los que saben que existe un porqué en lo extraño de todo, los que reconocen y respetan la dignidad de todos los seres.

La Declaración Universal sobre los Derechos Humanos de la ONU no hace más que recoger el común sentido de los hombres que reconocen los valores que dignifican y acompañan la existencia de cualquier ser humano. No creemos que sea mera retórica reconocer al hombre como “portador de valores eternos”, es decir, de valores que siempre, siempre, han de ser respetados.

En este caso, la acción educativa debe orientar sus objetivos en la ayuda al educando para que aprenda a guiarse libre y razonablemente por una escala de valores con la mediación de su conciencia como “norma máxima del obrar”.

Ello implica también ayudarle en la experiencia (personal e intransferible) de los valores, desarrollando esa “libertad experiencial” de la que habla Rogers, para que sepa descubrir el aspecto de bien que acompaña a todas las cosas, sucesos o personas: para que aprenda a valorar con todo su ser, a conocer con la razón, querer con la voluntad e inclinarse con el afecto por todo aquello que sea bueno, noble, justo... valioso.

Dicho de otra manera, educar en los valores es lo mismo que educar moralmente, o simplemente “educar”, porque son los valores los que enseñan al individuo a comportarse como hombre, ya que sólo el hombre es capaz de establecer una jerarquía entre las cosas, y esto resultaría imposible si el individuo no fuera capaz de sacrificio y renuncia.

Los valores auténticos, asumidos libremente, nos permiten definir con claridad los objetivos de la vida, nos ayudan a aceptarnos tal y como somos y a estimarnos, al tiempo que nos hacen comprender y estimar a los demás. Dan sentido a nuestra vida y facilitan la relación madura y equilibrada con el entorno, con las personas, acontecimientos y cosas, proporcionándonos un poderoso sentimiento de armonía personal.

La escala de valores de cada persona será la que determine sus pensamientos y su conducta. La carencia de un sistema de valores bien definido, sentido y aceptado, instalará al sujeto en la indefinición y en el vacío existencial, dejándole a merced de criterios y pautas ajenas.

Los valores nos ayudan a despejar los principales interrogantes de la existencia: quiénes somos y qué medios nos pueden conducir al logro de ese objetivo fundamental al que todos aspiramos: la felicidad.

Educar al hombre en los valores humanos es educarlo para que se oriente en el valor real de las cosas. La declaración universal sobre los derechos humanos de la ONU recoge el común sentir de los hombres que reconocen los valores que dignifican y acompañan la existencia de cualquier ser humano.

Hablar de valores humanos significa aceptar al hombre como el supremo valor entre todas las realidades humanas, y que no debe supeditarse a ningún otro valor terreno, dinero, estado, ideología...

Y si el "mundo de los valores" puede servir de guía para la humanidad en sus aspiraciones de paz y fraternidad, deben servir también de guía al individuo en sus deseos de autorrealización y perfeccionamiento.

La escala de valores será la que determine sus pensamientos y su conducta. La carencia de un sistema de valores bien definido, sentido y aceptado instalará al sujeto en una indefinición y vacío existencial que le dejará a merced de criterios y pautas ajenas.

En la escuela

Vivimos en una época en que los valores humanos se ven menospreciados y se asocian al conservadurismo, en tanto en cuanto, a que se ve como algo pasado, que no esta de moda.

La posmodernidad inventa nuevos valores, pero todos ellos andan huérfanos de fundamento: hedonismo, egoísmo,... ausencia de sentido,... individualismo, agresividad, entre otros.

Por último, dentro de la educación “básica” es la base en la que se constituye la personalidad del individuo, o sea, el fundamento intelectual, moral, emocional, etc., que orientará su posterior desarrollo; lo principal. De ahí la importancia de la transformación de este nivel académico, que debe consistir en una reestructuración de el currículo y las prácticas escolares en las que los profesores y los alumnos aborden crítica y reflexivamente mediante técnicas grupales los diversos temas de actualidad: el racismo, las crisis económicas, la identidad nacional, la globalización, la sexualidad, etc., otorgando primordial importancia al fomento de los valores en coordinación con la familia. Sólo así es posible construir un nuevo modelo de sociedad, que se distinga por la justicia, la igualdad y la armonía.

Los mayores y los valores:


Las personas mayores y su dignidad

Los seres humanos en general y los mayores en particular debemos reconocernos como miembros de una especie dotada de dignidad, reconociendo en cada ser humano valores intrínsecos sin discriminación por edad, raza, sexo, nacionalidad, color, religión, opinión política o por cualquier otro rasgo, condición o circunstancia individual o social, con derechos aplicados en forma recíproca.

Debemos reivindicar una mayor protección al adulto mayor por la vulnerabilidad que presenta.

Los conceptos de dignidad y respeto son reconocidos como fundamentales por las personas mayores, aunque desgraciadamente, con frecuencia, les resulta más fácil hablar de su carencia. La falta de respeto es generalmente la forma más dolorosa de maltrato hacia los mayores.

La Declaración universal de los derechos humanos nos dice sobre los adultos mayores que tienen derecho:

1. A una vida con calidad.

2. A una vida libre de violencia.

3. A la no discriminación.

4. A ser respetado en su persona.

5. A ser protegido contra toda forma de explotación.

6. A recibir protección por parte de su familia, organismos y servicios y por la sociedad en su conjunto.

7. A vivir en el seno de su familia.

8. A expresar sus ideas libremente.

9. A recibir por parte de las policías, jueces, ministerios publico un trato digno y apropiado.

10. A contar con un representante legal, y con asesoría jurídica gratuita.

11. Tener acceso a los bienes y servicios.

12. Derecho a la recreación.

13. Derecho a la educación.

14. A recibir información

15. Al trabajo.

16. A la asistencia social.

Relacionado con los valores tenemos

La filosofía

La filosofía nos ha enseñado a descubrir en el ser humano una serie de cualidades latentes, de valores atemporales mas allá de la época, de las culturas, de las razas. Si se desarrollan armónicamente supone la realización plena del ser humano.

La ética

Es una de las ramas de la filosofía, estudia los actos humanos, pero esos actos deben ser realizados libremente por la voluntad de las personas, desde el momento que no tenga libertad ese acto no entra en el campo de la ética.

Los principios

Son los valores que recibimos en la primera infancia, son nuestros padres, maestros, doctrina religiosa o la sociedad quienes nos los enseñan.

La moral

Así como la ética depende de la razón y depende de la filosofía. La moral se apoya en las costumbres y se basa en un grupo de normas que la sociedad acepta como validos.

Las virtudes humanas

Entre esos valores humanos, ocupan un puesto preponderante las virtudes humanas. La palabra virtud, del latín virtus, igual que su equivalente griego, areté, significa "cualidad excelente", "disposición habitual a obrar bien en sentido moral". Puesto que se trata de una disposición o capacidad adquirida, por el ejercicio y el aprendizaje, de hacer lo que es moralmente bueno, la virtud es una cualidad de la voluntad que supone un bien para uno mismo o para los demás.

La prudencia es la "regla recta de la acción", escribe S. Tomás (S.Th. 2-2, 47,2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la simulación. Es llamada la "auriga virtutum": Conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.

La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo que les es debido. La justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común.

La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las debilidades y de superar los obstáculos en la vida moral.

Quien no tiene virtudes, en cambio, es incapaz -también hasta cierto punto- de hacer lo que quiere. Decide, pero no cumple: no consigue llevar a cabo lo que se propone: no llega a trabajar lo previsto o a ejecutar lo decidido.

La gran fuerza de un hombre son sus virtudes, aunque quizá su constitución física sea débil.

Los pequeños vicios de la conducta debilitan el carácter y hacen a un hombre incapaz de vivir de acuerdo con sus ideales. Son pequeñas esclavitudes que acaban produciendo una personalidad mediocre. Y es que, como decía Aristóteles, "Nuestro carácter es resultado de nuestra conducta."

Los hábitos

Tanto el bien como el mal obrar forman costumbres e inclinaciones en el espíritu; es decir, hábitos de obrar. A los buenos se les llama "virtudes"; y a los malos, "vicios". Un hábito bueno del espíritu es, por ejemplo, saber decidir sin precipitación y considerando bien las circunstancias. Un vicio, en cambio, en el mismo campo, es el atolondramiento, que lleva a decidir sin pensar y a modificar muchas veces y sin motivo las decisiones tomadas. Algo tan importante como lo que llamamos "fuerza de voluntad" no es otra cosa que un conjunto de hábitos buenos conseguidos después de haber repetido muchos actos en la misma dirección. Ésta es la regla de oro de la educación del espíritu: la repetición. Hay un pequeño caso que afecta a una parte importante de la humanidad y que nos ofrece un buen ejemplo: la hora de levantarse de la cama. Casi todos los hombres tenemos la experiencia de lo que supone en ese momento dejarse llevar por la pereza, y los que son más jóvenes la tienen de una manera más viva. Si, al sonar el despertador, uno se levanta, va creando la costumbre de levantarse, y, salvo que suceda algo como un cansancio anormal, resulta cada vez más fácil hacerlo. En cambio, si un día se espera unos minutos antes de dejar la cama, al día siguiente costará más esfuerzo; y si se cede, todavía más al día siguiente. Así hasta llegar a no oír el despertador.

  Y recuerda: "Da lo que quieras recibir"   Bibliografía:

Cicerón, Marco Tulio: De la amistad

Platón: Apología de Sócrates

Víctor Frankl: El hombre en busca de sentido

Silvia Mayoral: El libro de la convivencia

Nina Bravo: Valores humanos “Por la senda de una ética cotidiana

Daisaku Ikeda: los valores humanos en un mundo cambiante

Alvira, Rafael: Filosofía de la vida cotidiana

José Ramón Ayllón: En torno al hombre

Juan Luis Lorda: Moral, El arte de vivir

David Isaacs: La educación de las virtudes humanas y su evaluación

Bernabé Tierno: Los valores humanos

Alfonso Aguiló: La tolerancia

Fernando Corominas: Educar en positivo

José Javier Querejeta: Sinceridad y verdad

Cristina Mata: Afectividad en las adolescentes

Carlos Durán Múzquiz: La amistad

Alfonso Aguiló Pastrana: Educar el carácter

Antonio Jiménez Guerrero: Enseñar a pensar

Enrique Rojas: El hombre light. Una vida sin valores

Montserrat Espert y carmen Boqué: Tu si que vales, Historias cortas de niños y niñas que construyen valores humanos


miércoles, 6 de marzo de 2013

TU VALES: “Ve siempre hacia delante con actitud positiva”



“El peor de los males que le puede suceder al hombre es que llegue a pensar mal de si mismo” Goethe

Introducción

Comenzaremos el artículo hablando de la identidad personal, es decir, que idea tenemos sobre cómo somos y como nos ven los otros. Esta se forma en base a la experiencia de nuestras vidas. Empieza a surgir en la infancia y se construye a lo largo de la vida. En esta construcción, a veces, buscamos modelos, reales o imaginarios, con los cuales nos identificamos. Los padres o adultos cercanos son los primeros modelos que tienen los niños.

Es en la adolescencia cuando una persona empieza a elaborar un concepto de sí misma, a tener sus propias creencias y valores, desarrollar su propia identidad independiente de la de sus padres.

Cada uno de nosotras/os tendremos una identidad propia de acuerdo a nuestro sexo, al lugar de donde nacimos, a nuestra raza, a la clase social, a la edad que tenemos. Las relaciones con otras personas serán importantes en la construcción de nuestra identidad, la sociedad nos da modelos aunque no siempre son correctos.

¿Cómo es mi relación con los demás?

“Las personas somos como actores que actúan para los demás, pero actúan de forma muy diferente cuando están en el escenario que cuando lo hacen entre bastidores.”
Irving Goffman.


Casi todas las personas piensan de vez en cuando sobre la impresión que crean en los demás y no pocas veces viven casi obsesionadas con su apariencia. Por esto, se comportan de la forma que, a su entender, es la mejor para causar la impresión particular que desean en quienes las observan.

Exhibir nuestros aspectos atractivos ayuda a obtener la aprobación de los demás, lo que a su vez ampara o incrementa nuestra autovaloración. Por lo tanto, es razonable deducir que si queremos proteger nuestro concepto positivo de nosotros mismos tiene sentido que nos esforcemos en presentar una apariencia favorable.

La finalidad es dar la impresión que consideramos apropiada o beneficiosa en determinas circunstancias. En el fondo, lo que la mayoría buscamos es la aceptación y aprobación de los demás.

En cada ser humano vemos reflejada nuestra propia humanidad. Por eso se dice que los demás no nos dan ni nos quitan nada; son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. La gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es.

Como dijo el filosofo Kant: “No vemos a los demás como son, sino como somos nosotros”.

No importa quienes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien resultaremos indiferentes. Pero entonces, si nuestras relaciones se sustentan sobre este juego de espejos y proyecciones, ¿Por qué fingimos? seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima.

Y después de todo lo anterior es importante preguntarse si nos atrevemos a ser uno mismo, pues cuanto mejor nos conozcamos más nos facilitará tener una mejor relación con los demás y aumentar nuestra confianza.

Para ello plantearía una serie de preguntas en torno a la manera de relacionarse:

¿Qué muestras de tí a los demás?

¿Qué podrías preguntar a los que te conocen sobre lo que ven de tí?

¿Qué aspectos ocultos tuyos te gustaría revelar a los demás?

¿Qué te dicen tus sueños? ¿Los escribes?

 
Presentación del yo














“Soy solamente una persona: pero aún así soy alguien. No soy capaz de hacer todo, pero aún así soy capaz de hacer algo. No renunciaré a hacer lo poco que pueda.

HELEN KELLER

La autoestima permite que nos aceptemos tal como somos, que nos amemos a nosotros mismos y así podamos amar a los demás.

La autoestima se puede desarrollar a lo largo de toda la vida. Así que si todavía no empezaste o ves que tienes que cambiar algo, estás a tiempo.

Para poder ser y poder aportar a la vida todo lo que le puedas aportar, debes gozar de una excelente autoestima y la vemos cuando tenemos:

Confianza en uno mismo: está en el interior de las personas. Que ve uno ante una situación que se le presenta en ese momento. Que recursos tiene para hacerle frente.

La autoafirmación: hacerse respetar por los demás cuando planteamos algo de manera firme y con buenos modales. Aceptamos lo que nos dice nuestro sentido común y lo rechazamos igualmente.

El concepto de sí mismo: abarca tanto la imagen de sí mismo que tiene, mi yo ideal, es decir, cómo desearía ser.

Así podemos ver que las personas que se sienten bien consigo mismas, que tienen una buena autoestima, son capaces de enfrentarse y resolver los retos que la vida les plantea. Al contrario, los que tienen una autoestima baja suelen autolimitarse y fracasar.

Así podemos apreciar que:

Las personas con alta autoestima se caracterizan por:

• Superan sus problemas o dificultades personales.

• Afianzan su personalidad.

• Favorecen su creatividad.

• Son más independientes.

• Tienen más facilidad a la hora de tener relaciones interpersonales.

• Se sienten bien consigo mismo.

• Están al mando de su vida, no se dejan manipular

• Disfrutan con los desafíos que la vida les presenta.

• Son honestos y fieles a sus principios y valores, respetando siempre la verdad.

• Saben respetar las normas de convivencia.


Las personas con una baja autoestima se caracterizan por:

 Falta de credibilidad en sí mismos, inseguridad, buscan la seguridad de lo conocido.

• Atribuir a causas internas las dificultades, incrementando las justificaciones personales.

• Desciende el rendimiento.

• No se alcanza las metas propuestas.

• Falta de habilidades sociales adecuadas para resolver situaciones conflictivas, (personas sumisas o muy agresivas).

• Sentimiento de culpabilidad.

• Incremento de los temores y del rechazo social, y por tanto inhibición para participar activamente en las situaciones.


Y las recomendaciones para desarrollar una buena autoestima son:

• Aprender a perdonar; no guardar resentimiento.

• Ponte como objetivo el logro en vez de la perfección.

• Prueba cosas nuevas.

• Colabora en una labor social.

• Haz ejercicio.

• Dese permiso para hacer lo que quiera.

• Cierre asuntos inconclusos.

• Descubra sus talentos.

• Invierta tiempo en usted.

• No haga comparaciones perjudiciales. Elimine las comparaciones; estas no tienen objeto y conducen a sentirse mal.

• Agradezca y acepte los elogios; comunique que se ama a si mismo.

• No hable mal de usted mismo ante los demás.

• Finalice sus proyectos.

• Aprenda a controlar sus pensamientos. Recuerde que es dueño de ellos.

• Hable en positivo.

• Escriba una carta con las experiencias dolorosas que le hayan marcado. Hágalo varias veces hasta que se vacíe, hasta que sienta que no tiene nada que decir.

• Tenga presente que todas las personas son buenas por algo; así que descubra sus capacidades y potencialidades.

• Ayúdese de lectura enriquecedora.

• No utilice calificativos negativos o peyorativos cuando se refiera a si mismo y a los demás.

• Utilice frases constructivas como: la próxima vez lo haré mejor.

• Aprenda a perdonarse, o reconciliarse con usted mismo.

• Destierre de su cabeza frases como” yo no puedo”, “yo no sirvo”.

• Sepa que siempre hay tiempo para cambiar; solo basta desearlo. Obviamente hay casos que no se pueden cambiar de hoy para mañana, pero es menester ir dando un paso cada día.

• Deje de culparse y de quejarse por lo que fue y no pudo ser.

• Busque siempre superarse.

• No idealice a los demás.

• Evalúe las cualidades y los defectos.

• Cambie lo que no guste.

• No busque la aprobación de los demás.

• Tome las riendas de la propia vida.

• Afronte los problemas sin demora.

• No se exija demasiado.

• Acepte su propio cuerpo.

• Cuide su salud.

• Disfrute del presente.

Para terminar esta primera parte del artículo, me gustaría citar el trabajo del Dr. Nathaniel Branden, “Los seis Pilares de la autoestima”

Los seis Pilares de la Autoestima de Dr. Nathaniel Branden

vivir conscientemente:

“Dejar de huir de los hechos desagradables de nuestra vida. No podemos sentirnos competentes si negamos la realidad porque no nos guste”.

Aceptarse a uno mismo:

“Con las limitaciones que se poseen. Así veremos los errores como parte del crecimiento”.

Si no acepta que tiene el problema, ¿cómo pretende solucionarlo?, la autoestima empieza por respetar la realidad.

Aceptarse es abrazar nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y acciones, experimentar con ellos, responsabilizarnos de ellos, sin evasión, negación y rechazo.

Responsabilizarse:

“De nuestras acciones para ser dueños de nosotros mismos y de nuestra vida”

Necesitamos experimentar un sentido de control sobre nuestra existencia. Esto requiere asumir la responsabilidad de nuestras acciones y del logro de nuestras metas y así podemos hacernos responsables de nuestra vida y nuestro bienestar.

Nadie nos rescatara de nuestros miedos íntimos de nuestro pasado. somos nosotros los que tenemos que hacer algo distinto.

La autoafirmación:

"Significa ser autentico y no disfrazarse para agradar”

La autoafirmación significa respetar mis deseos, necesidades y valores, así como buscar su forma de expresión adecuada en la realidad. Su opuesto es rendirse ante la imposibilidad, encerrarse en un subterráneo donde todo lo que uno es permanece escondido, dormido o frustrado, para evitar el enfrentamiento con alguien cuyos valores son diferentes a los míos. Ejercer la autoafirmación equivale a no disfrazar nuestra personalidad para agradar.

Vivir con propósito:

“Creando lo necesario para alcanzarlo”

A trabes de nuestros propósitos, de nuestra determinación, organizamos nuestro comportamiento y le damos un enfoque y una dirección. Vivir sin propósito significa vivir a merced del azar, del acontecimiento fortuito, del encuentro causal. Vivir con propósito, en cambio, es vivir de forma productiva, fijando nuestras metas y actuando para conseguirlas.

La integridad:

“Que me impide entrar en contradicción con mis valores”.

Cuando una brecha en la integridad hiere la autoestima, solo la práctica de la integridad puede sanarla. En el nivel más simple la integridad personal conlleva cuestiones como: ¿soy honesto y de confianza? ¿Cumplo lo que prometo? ¿Hago las cosas que digo que admiro y evito las que creo que son despreciables?


Después de leer ha Branden os propongo dos actividades, la primera una valoración y la segunda unas afirmaciones:

Hacer una valoración:

Reflexionar y preguntarme si me conozco, posteriormente ver si tengo un buen concepto de mi mismo es decir si tengo autocontrol, para manejar mis propios sentimientos y autonomía para tomar decisiones de forma independiente a la hora de resolver mis propios problemas en lugar de buscar a otros para que lo hagan. Hacer una evaluación para ver si me acepto y una vez aceptado me respeto con lo que puedo llegar a darme cuenta que tengo una buena y sana autoestima.

Afirmaciones:

Repite siempre las siguientes frases:

YO TENGO:

• Personas que me quieren.

• Ejemplos para seguir.

• Personas que me ayuden si estoy en peligro.

• Grandes cualidades.


YO SOY:

• Querido por otros.

• Feliz cuando hago algo bien.

• Respetuoso de mí y los demás.

• Responsable de mis actos.


YO PUEDO:

 • Decir que me dá miedo.


• Buscar soluciones a mis problemas.

• Encontrar a alguien que me ayude.

• Controlar mis actos y mis emociones.

• Expresar debidamente lo que pienso y lo que siento.

¿Qué pasa con nuestra autoestima cuando nos hacemos mayores?
 











 
Hay personas que niegan la vejez y arriban a esta etapa de la vida con una o varias patologías, con alguna discapacidad física, sintiéndose como alguien que ha perdido su valor, manifestando sentimientos de abandono, apatía, desesperanza hacia la vida, con fuertes dificultades en la regulación de la autoestima.

Cuando las personas mayores se conectan con sus pensamientos, sentimientos y emociones, colocan más el énfasis en la cantidad de experiencias negativas vividas, como por ejemplo: pérdida de salud, abandono del trabajo, muerte de familiares, amigos, deudas económicas, aislamiento, soledad, etc., que en las positivas.

Reflexión

Creencias limitadoras:

• Las cosas siempre me salen mal.

• No sirvo para nada.

• Los problemas me persiguen.

• Tengo muchos defectos.

• A mi edad es lógico que me sienta mal.

• No le agrado a la gente.

• No soporto que me critiquen.

• La gente es mala y hay que cuidarse de todos.

• Los problemas me persiguen.

• Yo soy así y no puedo cambiar.

• Siempre dejo que hagan por mí.

• Me desanimo y abandono ante las dificultades.

Creencias sanadoras:

• Respeto las diferencias de ideas.

• Disfruto de la vida.

• Mi fe es firme y crece cada día más.

• La vida es maravillosa.

• El pasado no dirige mi presente.

• Confío en mi misma/o.

• Soy una persona valiosa.

• Le agrado a la gente.

• Preocuparme no me ayuda.

• Perdonar es importante y liberador.

• Me acepto tal y como soy.

• Controlo mis emociones.

• Negocio con los demás.

• Hago frente al conflicto.

Según elijas más frases de un bloque u otro así vas a aceptar o no envejecer. Si eliges el primer bloque creencias limitadoras, no aceptas envejecer de manera positiva. En cambio si eliges las creencias sanadoras, serás parte de las personas mayores que aceptan la vejez viviéndola de manera positiva.

¿Qué eliges tú? ¿Qué camino prefieres? Si lo tienes claro ¡ponte en marcha! No te quedes esperando que venga alguien a poner en orden tu vida o tu mundo…no vendrá. Y no lo hará nadie porque es tu tarea y no la de otro. ¡Responsabilízate!

Si hay algo que sabemos con seguridad es que moriremos. Nadie sale vivo de esta vida. O sea que dejemos de fingir que somos eternos, que “ya habrá tiempo” más adelante, que podemos permitirnos el lujo de desperdiciar nuestra oportunidad de existir, o será demasiado tarde. La estrategia del avestruz que esconde la cabeza bajo el ala se basa en la creencia infantil de que “si no lo veo es que no existe”. Nada más contrario al principio de la realidad, “lo que es, es” propio de la madurez. Lo quieras o no, enfermarás igual, tendrás pérdidas, sufrirás, envejecerás, te sentirás solo y te enfrentarás no solo a la muerte de las personas que amas, sino también a tu muerte. Y dado que vas a cursar estas asignaturas vitales… ¿no crees que es más inteligente prepararte antes de que lleguen de improviso?

Somos un campo de posibilidades infinitas. Tenemos acceso a una fuente de creatividad enorme. Nuestra vida es un lienzo donde cada uno decidimos que pintar.

Lo principal es ser eficaz, o dicho de otro modo: debes encontrar la habilidad necesaria para enfrentarte a los desafíos a los que no solo te expone la vida, sino que tú has elegido también.

Para explicar el bienestar psicológico, Carol Ryff formula un modelo multidimensional del desarrollo personal donde especifica seis dimensiones:
autoaceptación, relaciones positivas con otras personas, autonomía, dominio del entorno, propósito en la vida, y crecimiento personal.

Autoaceptación: es uno de los criterios centrales del bienestar y se relaciona con experimentar una actitud positiva hacia sí mismo y hacia la vida pasada.

Relaciones positivas con otros: se define como la capacidad de mantener relaciones estrechas con otras personas, basadas en la confianza y empatía.

Autonomía: necesaria para poder mantener su propia individualidad y autonomía personal, relacionada con la autodeterminación; las personas con autonomía saben enfrentar de mejor manera la presión social.

Dominio del entorno: capacidad individual para crear o elegir ambientes favorables para satisfacer los deseos y necesidades propias.

Propósito en la vida: las personas necesitan marcarse metas, definir sus objetivos, que le permitan dotar a su vida de un cierto sentido.

Crecimiento personal: se relaciona con el desarrollo de las potencialidades, seguir creciendo como persona y llevar al máximo sus potencialidades.

El bienestar psicológico como construcción personal descansa en el desarrollo psicológico de cada individuo, el cual posee la capacidad para interactuar en forma armoniosa con su entorno.

A pesar de los impedimentos tanto físicos como psíquicos que sufren los mayores, se adaptan a todos estos nuevos cambios, replanteándose sus metas y desafíos, adaptándolas a sus nuevas capacidades sociales, psicológicas y físicas. Es por esta razón que muchos de ellos informan altos niveles de bienestar, pues sus metas ya no son las mismas de hace 10 años, lo que disminuye la frustración al fracaso cuando no se puede llegar a concretar las metas propuestas a esta edad.

Para la tercera edad la autoestima es clave, debido a que el mayor debe valorar sus habilidades y características, las cuales han sufrido cambios objetivos en comparación con años atrás. La dificultad radica principalmente en el contexto en el cual se realiza esta evaluación ya que el mayor se encuentra en una situación física, social y culturalmente menoscabada, motivo por el cual se sienten rechazados y perciben que la sociedad los valora negativamente, debido al mayor aprecio de los valores asociados a la belleza juvenil por parte de la sociedad y del menor aprecio a la experiencia y sabiduría, como valores propios de la ancianidad.

Para los adultos mayores la autoeficacia conlleva un significado mucho más allá de la superación de tareas del orden físico, su importancia se asocia al sentimiento de poder ser capaces de participar en la solución de conflictos que surgen en la vida cotidiana, aportando soluciones. Todo esto les permite crear estrategias de afrontamiento necesarias para hacer frente a las adversidades.

Debemos conseguir obtener del adulto mayor una alta autoestima, que le proporcione ganas de vivir, con un alto índice de responsabilidad de su autocuidado, que logre grados de independencia elevados, siendo personas mayores activas y participativas dentro de la sociedad. Se debe restar importancia a la cantidad, para favorecer la calidad de vida humana: aliviar síntomas, mejorar el índice de funcionalidad, conseguir mejores relaciones sociales, motivación, etc.

Los profesionales deben fortalecer todas aquellas acciones dirigidas a conseguir la autonomía e independencia del mayor.

Ejercicio

Del libro cuadernos de ejercicios para aumentar la autoestima de Rosette Poletti y Bárbara Dobbs recojo las siguientes afirmaciones. El ejercicio consiste en coger una frase para cada día y hacerla.

1. Hoy acepto lo que es.

2. Hoy perdono.

3. Hoy me libero de mis resistencias.

4. Hoy confío.

5. Hoy doy las gracias.

6. Hoy me libero de la duda.

7. Hoy confío en mí.

8. Hoy me abro a lo que venga.

9. Hoy digo que si.

10. Hoy no critico a nadie.

11. Hoy me libero de lo inútil.

12. Hoy me doy una nueva libertad.

13. Hoy me libero de una norma inútil.

14. Hoy acepto ser imperfecto.

15. Hoy doy sin esperar nada a cambio.

16. Hoy me concentro en el amor.

17. Hoy es un buen día para estar vivo.

18. Hoy es el único día que cuenta.

Reflexión:

Esta mañana, al abrir los ojos, lo primero que me dije fue: YO PUEDO.

Las afirmaciones son maneras de reforzar la motivación. Me gusta decir frases positivas, visualizarlas hace que me sienta bien, que este tranquilo para que lo que trabaje mi mente sea siempre en positivo.

Me gusta y me importa mi bienestar, me importo yo. Quiero crecer y para ello utilizar una serie de estrategias para desarrollar mi autoestima.

A veces, ante determinadas circunstancias, actuamos de una manera o de otra. Esa manera de actuar está condicionada por la identidad que nos construimos a lo largo de nuestra vida y por eso es importante que nos valoremos, eso si, en su justa medida, tanto en lo bueno o positivo como en lo malo o negativo. Cada etapa nos aporta experiencias y sentimientos que nos van a generar valía y miedos. Es a través del tiempo de esas experiencias de aceptación y de rechazo cuando empezamos a descubrir lo que valemos o dejamos de valer.

YO PUEDO, y en mi aprendizaje procuro no escapar ante un hecho desagradable al contrario procuro siempre encararme a él y hacerlo. Procuro adaptarme a todos los cambios y entre ellos uno de los que fui adquiriendo y disfrutando a lo largo de los años es que me gusta sentir y vivir todo lo que hago, todo tiene un propósito. El mío es el de formar, el de poner herramientas en manos de las personas que le puedan ayudar a mejorar su calidad de vida. Sé que a veces logro algunos de los objetivos que me marco y me siento bien, otras veces no llego a donde quiero y me siento mal. Cada vez las exigencias con las que nos encontramos son mayores; a veces el temor de no hacerlo bien hace que me sienta incomodo, pero en vez de caer en la tentación de la avestruz que esconde la cabeza bajo el ala y decir “si no lo veo es que no existe”. Voy luchando con el objetivo de alcanzar mi propósito. Paso a paso va trascurriendo mi vida eso si, con una enorme ilusión de HACER.

“no se vive celebrando triunfos, sino superando fracasos”

Algunos documentos relacionados con la autoestima

Documento de Virginia Satir: “Yo soy yo”


Más información sobre la autoestima:
 

Test de autoestima:



Videos:




BIBLIOGRAFIA:

FRANKL. Viktor: El hombre en busca de sentido (2011). ED. HERDER

POLETTI. Rosette y DOBBS Bárbara: Cuaderno de ejercicios para aumentar la autoestima. (2010). ED. Terapias Verdes

CHRISTOPHE. André y FRANCOIS Lelord: la Autoestima. (2000). ED Salvat.

CANANGLA. Merce y SOLER. Jaume: Corazón que siente, ojos que ven. (2010). ED Booket

ORTIZ ARRIAGADA. Juana y CASTRO SALAS, Manuel: Bienestar psicológico de los adultos mayores, su relación con la autoestima y la autoeficacia. (2009). ED. Ciencia y enfermería XV

VICENT BONET. José: Se amigo de ti mismo. (1997). ED. SALT Terrae

ROBBINS. Anthony: Controle su destino). ED. DEBOLSILLO

ROJAS MARCOS. Luis: La autoestima (2007). ED. Espasa Libros

PAUSCH. Randy: La ultima lección (2010). ED. DEBOLSILLO

FIELD. Lynda: 60 consejos para aumentar la autoestima ED. Diana