martes, 19 de mayo de 2015

Distintas interpretaciones que hacemos cuando nos hablan del amor


Introducción:

 “Cuando amamos de verdad nos reconocemos en los otros; y, por ello, lo que hacemos a los demás nos lo hacemos también a nosotros mismos.” 

            Siempre que pienso en la palabra AMOR, surge inmediatamente otra en mi cabeza y es DAR. Los días que me reúno con mis alumnos, lo primero que siento es una gran ilusión, voy cargado de material que recopilé y trabajé a lo largo de la semana. Sé que les va a gustar, les va a sorprender y hará que  surja en ellos nuevas preguntas y nuevos retos.

            El hecho de DAR, es para mí una manera de ser agradecido por todas las cosas buenas que me da la vida, es mi manera de sentirme a gusto, sabiendo que lo estoy haciendo bien, ya que es lo que sé hacer y en ello pongo todo mi AMOR.
 
Aún cuando yo hablase las lenguas
humanas y angelizas,
pero no tuviese amor,
soy como metal que resuena,
o cimbalo que retiñe.
Y si tuviese el don de la profecía
y entendiese todos los misterios
Y toda ciencia,
Y si tuviese toda la fe,
De tal manera que trasladase los montes,
pero no tuviese amor,
Nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes
para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser
Quemado,
pero no tengo amor,
de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno;
El amor no tiene envidia,
el amor no es jactancioso,
no se envanece;
no hace nada indebido,
no busca lo suyo,
no se irrita,
no guarda rencor;
no goza de la injustuicia,
más goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta.
1 Cor 13
 
 
Cuando amamos de verdad, nos reconocemos en el otro y experimentamos la posible maldad del otro como maldad propia. Solo esta forma de amor puede ofrecer la otra mejilla, solo ella puede ofrecer también la túnica cuando nos piden la capa. Si este comportamiento surgiese solo de la bondad, se quedaría en algo superficial y sin relación con nuestro verdadero ser. Cuando amamos de verdad, no podemos hacer otra cosa, porque experimentamos la unidad de todo lo vivo y nos autolesionamos si le hiciéramos daño al prójimo.
 
            Este amor nos capacita para abrazar a nuestro contrincante y relacionarnos con benevolencia con aquellos que nos odian. Entonces reconocemos a los contrarios y en los opositores la dinámica de la vida, que no se desarrolla de forma lineal, sino que presenta de forma continua situaciones que con frecuencia parecen caóticas. Dejamos de querer unos padres perfectos, un maestro o una maestra perfectamente sabios, un compañero perfecto, una compañera perfecta, una familia perfecta, una comunidad perfecta, un estado perfecto y una iglesia perfecta. Entonces sabemos que todo contiene simultáneamente también su contrario.
 

 

Manifestaciones del amor

En las relaciones de la persona con su medio, el amor se ha clasificado en diferentes manifestaciones; en virtud de ello, pueden aparecer una o más de las siguientes:
 
Amor autopersonal: El amor propio, amor compasivo, es, desde el punto de vista de la psicología humanista, el sano amor hacia uno mismo. Aparece situado como prerrequisito de la autoestima y, en cierto contexto, como sinónimo de ésta. Es algo positivo para el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales, y no debe confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que coincide con una autoestima baja. Para el budismo, que califica al ego como una mera ilusión de nuestra mente, el amor real, amor compasivo, sólo existe cuando se dirige hacia otra persona, y no hacia uno mismo. Para el psicoanálisis, que, de forma completamente opuesta al budismo, califica al ego como la única realidad, el amor autopersonal siempre es narcisismo, que puede ser, a su vez, saludable o no saludable.
 
Amor incondicional: Es el amor compasivo, altruista, que se profesa sin esperar nada a cambio. El amor espiritual, predicado por las diferentes religiones, es el amor incondicional por antonomasia. El amor maternal, o amor de madre a hijo, se reconoce también como amor de este tipo, y, por tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace especialmente intenso; no obstante, hay también quien cuestiona la existencia de dicho instinto.

Amor filial: Entre hijos y padres (y, por extensión, entre descendientes y ancestros).
 
Amor fraternal: En su sentido estricto, es el afecto entre hermanos, aunque puede extenderse a otros parientes exceptuados los padres y los descendientes. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y reconocimiento a la familia, y se manifiesta por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una estructura de parentesco. Desde el punto de vista del psicoanálisis, el fraternal es, al igual que el amor filial, sublimado, ya que está fundado en la interdicción del incesto.
 
Amistad: Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la frase «amarás al prójimo como a ti mismo».

Amor romántico: Nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida en la psiquis.
 
Amor confluente: Amor entre personas capaces de establecer relaciones de pareja, definido a mediados del siglo XX. Aparece por oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para siempre, no supone una entrega incondicional, etc.[]
Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo sexual, según Helen Fisher, es diferente del amor romántico y del afecto (véase su estudio al respecto). Desde el punto de vista de la psicología humanista, el amor romántico —y el amor interpersonal en general— está relacionado en gran medida con la autoestima.
 
Amor platónico: Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste en la elevación de la manifestación de una idea hasta su contemplación, que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento. Vulgarmente, se conoce como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o éste se da de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física.
 
Amor a los animales y a las plantas: Nace de un sentimiento protector.
 
Amor hacia algo abstracto o inanimado: A un objeto físico, una idea, una meta, a la patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su sentido filosófico. El patriotismo puede ir asociado a la heroicidad, en cuyo caso constituye un comportamiento de altruismo respecto a su grupo, que en esencia es un comportamiento de egoísmo respecto a otro grupo en la medida en que no se considera al otro grupo de la misma condición.
 
Amor hacia un dios o una deidad (devoción): Suele nacer de la educación recibida desde la infancia, y se basa en la fe. Se considera a Dios como la fuente de todo amor. En la mayoría de los casos, existe la creencia de que, tras la muerte, Dios premiará de alguna forma a las personas que la correspondiente religión considere virtuosas.
 
Amor universal: Amor espiritual que, según diferentes religiones, todas las personas pueden llegar a profesar al medio natural y que los grandes místicos experimentan como expresión del nirvana, éxtasis o iluminación, estados de conexión absoluta con el universo o con Dios. Es una manifestación sublime en la que se eclipsan o confluyen el resto de las manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente.
 
 
Una visión psicológica 
 
Desde corrientes psicoanalíticas, para Erich Fromm el amor es un arte y, como tal, una acción voluntaria que se emprende y se aprende, no una pasión que se impone contra la voluntad de quien lo vive. El amor es, así, decisión, elección y actitud. Según Fromm, la mayoría de la gente identifica el amor con una sensación placiente. Él considera, en cambio, que es un arte, y que, en consecuencia, requiere esfuerzo y conocimiento. Desde su punto de vista, la mayoría de la gente cae en el error de que no hay nada que aprender sobre el amor, motivados, entre otras cosas, por considerar que el principal objetivo es ser amado y no amar, de modo que llegan a valorar aspectos superficiales como el éxito, el poder o el atractivo que causan confusión durante la etapa inicial del pretendido enamoramiento pero que dejan de ser influyentes cuando las personas dejan de ser desconocidas y se pierde la magia del misterio inicial.
 
Desde un punto de vista de la terapia cognitivo-conductual, el amor es un estado mental orgánico que crece o decrece dependiendo de cómo se retroalimente ese sentimiento en la relación de los que componen el núcleo amoroso. La retroalimentación depende de factores tales como el comportamiento de la persona amada, sus atributos involuntarios o las necesidades particulares de la persona que ama (deseo sexual, necesidad de compañía, voluntad inconsciente de ascensión social, aspiración constante de completitud, etc.). 
Desde la psicología cognitiva y psicología social, destacan las investigaciones efectuadas acerca del amor de Robert J. Sternberg, quien propuso la existencia de 3 componentes en su teoría triangular del amor:
  • La intimidad, entendida como aquellos sentimientos dentro de una relación que promueven el acercamiento, el vínculo y la conexión.
  • La pasión, como estado de intenso deseo de unión con el otro, como expresión de deseos y necesidades.
  • La decisión o compromiso, la decisión de amar a otra persona y el compromiso por mantener ese amor.
Estos tres componentes pueden relacionarse entre sí formando diferentes formas de amor: intimidad y pasión, pasión y compromiso, intimidad y compromiso, etc. 
Desde el punto de vista de la psicología humanista, la definición de amor más delimitada que aporta el humanismo es la de Carl Rogers, también considerada por Abraham Maslow: «amor significa ser plenamente comprendido y profundamente aceptado por alguien». Según Maslow, «el amor implica una sana y afectuosa relación entre dos personas». Partiendo de estas dos definiciones, la necesidad de amor se basa en algo que incita a las personas a ser aceptadas y adheridas a una relación. Dice Maslow: «La necesidad de amor implica darlo y recibirlo […], por tanto, debemos comprenderlo; ser capaces de crearlo, detectarlo, difundirlo; de otro modo, el mundo quedará encadenado a la hostilidad y a las sombras».
 
 
Bernabé tierno, de su libro la fuerza del amor 
 
No hay dificultad que amor suficiente no pueda conquistar. Ni enfermedad que bastante amor no pueda curar.
No hay puerta que no se abra con bastante amor, ni brecha que con bastante amor no se pueda cerrar.
Ni muro  que con amor bastante  no se pueda derribar, ni pecado que con bastante amor no se logre redimir.
No importa cuán profundo sea el problema, ni cuán desesperado sea el futuro, ni la monstruosidad del error cometido, con bastante amor todos se resolverá.
Si solo pudieras amar lo suficiente serías el ser más feliz y más poderosos del  mundo.
Emmet Fox
 
La vida es vida, solamente cuando hay amor.
Gandhi
 
El amor es la base de la existencia, su esencia y su fin. Solamente por el amor conseguimos conocernos a nosotros mismos, así como comprender el mundo y la vida.
Herivert Rau
 
Algunas reflexiones sobre el amor 
 
            Decía Helen Keller que las cosas mejores y más hermosas del mundo no pueden verse ni tocarse, pero se sienten en el corazón. Son duda, el amor es la mejor y más bella de las cosas que no tocamos ni vemos.
            E. Rod, escritor Frances decía que” en el fondo de cada persona existen tesoros escondida que realmente descubre el amor”. Y se da cuando la comunicación ha llegado a convertirse en una forma de intimidad mas profunda, plena e intima. Esto el autor lo identifica como “comunión” del amor, cuando los que se aman hacen mutuas donaciones de sus más íntimos secretos y deseos. 
            D. Stern, dice que cabe afirmar que no hay fuerza que mas unifique sinérgicamente los procesos de la personalidad que el amor. La fuerza del amor es, pues, evidente, y hasta para convalidar la verdad necesitamos de él; si amor es imposible alcanzarla.
El amor es la única fuerza que nos hace penetrar en el mundo de los valores, aquello que hace buenas a las cosas, lo cual constituye el objetivo del amor como deseo del bien.
            El amor humano se perfecciona y purifica en la medida en que, de forma consciente, se abre a un mayor número de personas, no se agota en la pareja, sino que esta se convierte en benefactora universal, en sembradora de bondad y amor. Bien lo expresa el aforismo latino: “Todo amor necesita contagiarse”.
            Victor Frankl, decía que quien ama siempre crea valores, porque ofrece a otros la oportunidad de amar y, por tanto, de madurar, enriquecerse y perfeccionarse con la fuerza del amor. Pero añadía otra consideración no menos profunda y reconfortante, al considerar “Que nadie es inútil en el mundo mientras sea objeto de amor”, pues hasta el ser mas ruin nos ofrece la oportunidad de amarle y, por tanto, de enriquecernos y enriquecerle, de perfeccionarnos y perfeccionarle. 
 
Decálogo de la felicidad en la pareja 
 
  1. Cultivad lo mejor de vosotros mismos para un mayor crecimiento personal.
  2. Mostraos siempre tal como sois, sin temor a mostrar la propia fragilidad y vulnerabilidad.
  3. Sed empáticos al máximo, procurando ver las cosas desde el punto de vista del otro. En esto consiste la verdadera comprensión.
  4. No pretendáis corregir los defectos del otro sin antes reconocer sus virtudes. nadie es perfecto.
  5. El mutuo respeto en el presente es la base de la felicidad del futuro. La dignidad de la persona es el mayor valor del hombre.
  6. La complementariedad no basta; hace falta la afinidad en gustos y objetivos para entenderos plenamente. “lo semejante atrae lo semejante.”
  7. Mantened la unidad de criterios en la educación de vuestros hijos. No los utilicéis nunca como medios para vuestros fines.
  8. Tomad la decisión de amaros todos los días. En el amor siempre es posible crecer.
 El amor a uno mismo 
 
            El amor a uno mismo, la completa aceptación de las propias virtudes y defectos, es el principal motor que impulsa a vivir. Sin embargo, para esos momentos especialmente difíciles en los que no contamos ni siquiera con nosotros mismos, Sandra Ray nos da unos buenos consejos: 
Cuando sientas que no te amas, comienza por amarte tú mismo, y después sal a amar a alguien.
Cuando sientas que no te aprecian, comienza por apreciarte tú mismo, y después sal a apreciar a alguien.
Cuando sientas que no se te reconoce, comienza por reconocerte a ti mismo, y después sal  a dar reconocimiento a alguien.
Cuando sientas que no se te toca, comienza por tocarte a ti mismo, y después sal a tocar a alguien.
Cuando sientas que no se te hace caso, comienzas por hacerte caso a ti mismo, y después sal a hacer caso a alguien.
Cuando sientas que se te rechaza, comienza por aceptarte tú, y después sal a aceptar a alguien.
Cuando te sientas solo, encuéntrate, y después sal a encontrar a alguien.
Cuando te sientas pobre, comienza por darte a ti mismo, y después sal a darle a alguien.
Y entonces encontraras a alguien que te ame, te aprecie, te reconozca, te toque, te haga caso, te acepte, te encuentre y te dé.
 
 
 
 
Algunas opiniones de algunas personas cercanas 
 
En este camino que recorro  siempre con gran ilusión y con muchas ganas aparecen personas que participan, enseñan, iluminan, comparten, avivan, motivan, ofrecen… llenas de ilusión… su tiempo, su cariño su amistad y su AMOR… 
 
Emi, cuyas fotos que iluminan este artículo son suyas y las ha cedido de manera desinteresada. Dice que:
 
            “El amor, es lo que hay en millones de actos. Respirar es el acto de amar esta vida. Es amor el acto de acariciar, y atusar, una forma simpática de hacerlo.
Amor, es besar y abrazar para curar.
Cantar y bailar, es celebrar el amor.
Sonriendo, salpicamos amor.
Amor es decir la verdad, amor, es mentir por piedad.
Perdonar y pedir perdón, es otro acto de amor.
Jugar con un niño, escuchar aun anciano.
Plantar un árbol, regar una flor.
Pero, el mayor acto de amor, nos lo da el sol amaneciendo, para todos igual y de forma incondicional. Repartiendo sosiego al atardecer, para retirarse después, y dejar a la luna ejercer, también su acto de amor, que es dar la luz que recibió.
El amor es esperanza de PAZ.” 
 
Ana también sobre el amor: 
 
“AMOR; ¡¡Que concepto tan ampliamente tratado en su espectro multicolor,!!
Embriaga nuestras vidas con su sutil aroma dando un toque especial a lo cotidiano.
Seduce, trasforma.
Natural, espontáneo y sorpresivo.
Lindeza, profundidad, vértigo, risas, complicidad, vivencias y cierta dosis de incertidumbre.
No es gobernable ni requiere esfuerzo alguno.
Cuando se AMA, en el más amplio sentido de la palabra, la LIBERTAD adquiere su máximo esplendor, las perspectivas se modifican y se inundan de luz y suavidad cualquier interacción.
Lo que el futuro reserva depende de la capacidad de AMAR estrechamente ligado al CONTENTO INTERIOR (Alegría de vivir) y SOSIEGO. 
“…AMAR es comprender el cielo, es tener, estando dormidos o despiertos,
Claridad para los ojos y
Música para los oídos” (Víctor Hugo) 
AMOR… una palabra sencilla,  un sentimiento claro hasta el instante en que nos posee, nos penetra el alma e invade   generando:
Espectáculos fascinantes. Sentimiento mágico.
La música del corazón.
La GRATITUD en su máximo potencial
La RAZÓN de la SINRAZÓN,
AMOR… eres tú
Está en ti.


 



viernes, 17 de abril de 2015

El sosiego



El sosiego es una vivencia enriquecedora de la que puede gozar las personas. Es una energía de quietud, calma, bienestar y disfrute inspirador y revelador. No solo es ausencia de agitación, ansiedad o inquietud, sino una experiencia profunda que nos conecta con el ser interno. Es como una medicina, que nos disipa las tensiones y preocupaciones, nos centra y nos equilibra, nos otorga armonía y calma nuestras emociones.

            Dicen que el sosiego por un lado reporta esa experiencia tan gozosa de la paz interior y por otro dispone la mente para que pueda desarrollar otras de sus potencialidades. No es así de extrañar que desde muy antaño se haya ido perpetuando las enseñanzas y métodos para hacer posible esa serenidad de la cual surge una visión mas clara, esa quietud que conlleva lucidez, entendimiento correcto y sabiduría.

            El sosiego tiene sus enemigos: agitación mental, desequilibrio emocional, impaciencia, avaricia, odio, celos, malevolencia, el egocentrismo, el rencor y muchos más. También tiene aliados. Aceptación de lo inevitable, humildad, compasión, comprensión clara, dominio de la mente, contento interior, lucidez y benevolencia.  

Paz espiritual y calma interior 

            Relacionadas con el sosiego, se pueden alcanzar  si vamos a su encuentro, aquí van algunos consejos: 

·         Controla tus pensamientos, sabemos que no es fácil. Piensa en positivo y en un único pensamiento: “me voy a encontrar bien..etc. al principio es difícil, pero se aprende.

·         Simplifica tu vida, tú eliges, tú decides, realiza las tareas más importantes, y cuando las hagas: disfrútalas.

·         Se generoso y desinteresado con tus valores y tus actos. Debemos sentir que nuestra paz espiritual depende del bienestar de los demás.

·         Aumenta tu autoconfianza. Se inmune a los halagos y a la crítica. Si nuestra autoestima depende de las opiniones de los demás, nunca encontraras la paz espiritual.

·         Escoge bien en que gastas tu tiempo. Para buscar el sosiego es necesario despegarnos de la prisa, de vivir pendientes de los demás y de toda forma de negatividad. 

La tranquilidad, la serenidad y la calma, nos ayudan a conseguir el beneficioso lujo de acumular sosiego. Y el sosiego nos ayudará a prestar y prestarnos atención, a reflexionar, a meditar de forma introspectiva (observándonos  hacia  adentro, evaluando nuestro comportamiento), o bien de forma contemplativa (valorando y apreciando el mundo exterior que nos rodea y sus circunstancias.

     El sosiego y la serenidad nos obligan a estar en conexión con nosotros mismos, a meditar para ayudarnos a conocernos mejor, a vigilar la cantidad  y el sobrepeso que acumulamos de miedos, culpas, ofensas, etc., que tanto daño nos producen inconscientemente a lo largo de nuestra vida.



El libro de  Wilhelm Schmid “El sosiego el arte de envejecer” 

Quiero hablaros en este artículo sobre el libro de  Wilhelm Schmid y  lo que opina sobre el consuelo.

Un libro que he leído hace un mes  el tiempo que lleva publicado y que en los últimos talleres ya lo he recomendado a mis alumnos para que se lo compren. De fácil lectura y  unas 100 páginas se puede leer y seguro que nos hará reflexionar pues nos facilita unos consejos y nos da unas herramientas para trabajar y mejorar nuestra calidad de vida.

Espero que el  resumen  que facilito a continuación, pueda motivaros y ayudaros a conocer un poco mas estos acontecimientos que se nos van presentando a nuestra edad y  clarifiquen muchas de las dudad que nos plantea la vida. GRACIAS

[…] estoy preparado para aceptar el envejecimiento con alegría, tal como venga, para utilizar todas mis fuerzas en vivirlo con la mayor serenidad posible: aceptarlo con sencillez, no oponerme a él, no adornarlo ni difamarlo, sino aceptarlo en todo su amplio abanico, que va del alivio a los impedimentos, de la belleza a lo horrendo, y no contemplarlo a través de un cristal color de rosa, ni de unas gafas oscuras, sino a través de una visión clara porque la contemplación sobria de las cosas es uno de los grandes privilegios del envejecimiento.

            Desde un punto de vista cultural, el proceso de envejecimiento permite descubrir recursos que pueden hacer que la vida sea más fácil y más  rica en este preciso momento. Uno de estos recursos es la serenidad. Aunque en la actualidad lo que nos falta es precisamente serenidad. El día a día resulta tan estresante y las personas  experimentan tanta presión que en ellas va creciendo el ansia de alcanzar un estado de calma.

            Nos dice el autor, que él no esta en posesión de la serenidad, pero que le parece imprescindible para llevar una vida plena. Se trata de un factor positivo en cualquier etapa de la vida, pero sobre todo durante la vejez, cuando la vida amenaza con empobrecerse y hacerse más difícil. Es posible que solo se pueda conseguir la serenidad en el trascurso del envejecimiento: parece más fácil alcanzar la calma cuando no  esta en juego toda la vida, cuando las hormonas están algo mas tranquilas, cuando el tesoro de experiencias es mayor, cuando la mirada es mas amplia y cuando la evaluación de personas y cosas es mucho mas ecuánime.

            El autor en este libro nos da diez pasos que él cree que son necesarios para alcanzar la serenidad y que él dice que salieron de observaciones, experiencias y reflexiones. Así llegaremos a comprender las características propias de la época de la vejez y del envejecimiento, para que sea más fácil el que nos dejemos atrapar por la serenidad. 

Primer paso: Pensamientos 

            ¿En que consiste realmente vivir? Es algo que se puede sentir con intensidad, pero que después deja de ser intenso, algo que parece siempre igual y después cambia radicalmente, que a veces es muy cambiante para mas tarde instalarse en la rutina.

            La polaridad es uno de los fundamentos de la vida: late entre dos polos opuestos como alegría y tristeza, miedo y esperanza, ansia y decepción. Y entre ser y dejar de ser, algo que durante mucho tiempo se ha considerado un destino imposible de cambiar.

La serenidad nos ayuda a adquirir conciencia de las diferentes etapas de la vida y aceptar sus peculiaridades.

            Nuestra vida deja la perspectiva que teníamos orientada hacia el futuro y se convierte cada vez más en una vida retrospectiva, la perspectiva hacia delante se vuelve más estrecha y por ello la orientación se dirige más hacia el pasado ¿Cómo ha trascurrido mi vida? ¿Qué he hecho y logrado hasta ahora? 

Segundo paso: Comprensión de las peculiaridades de la edad y del envejecimiento 

             Comprender estas peculiaridades es mantener una actitud abierta a los cambios asociados con la edad y la compresión  de los retos  que el envejecimiento trae consigo.

            En el arte de la vida no puede existir una maestría  definitiva, porque la vida sigue siendo un proyecto de aprendizaje hasta el final: siempre existen nuevos conocimientos y exigencias, cambios sociales y logros técnicos que es necesario asumir, ningún conocimiento puede conducir a la sabiduría definitiva.

            La serenidad consiste ahora en reconciliarse con la discreta palabra “aún”, su aparición se ira multiplicando a medida que se desarrolle el proceso: “¡Aún tiene buen aspecto para su edad! “. “¡Aún esta en forma!”, “¡Es estupendo que aún tenga la cabeza clara!”.

            Se trata de la época del aún, en todos los aspectos: aún se puede llamar a un amigo para charlar con el; aún queda tiempo para una disculpa que parece adecuada: aún es posible y seguramente  adecuado devolver algo y dar las gracias, se trate de lo que se trate.

Desde muchos puntos de vista, al envejecer volvemos a recorrer el desarrollo del principio de la vida, pero esta vez en dirección contraria. 

Tercer paso: Costumbres que facilitan la vida 

            Las personas se acostumbran a todo (incluso al dolor, si no es muy fuerte), pero necesitan tiempo para ello y también fuerzas de las que ya no disponen en gran cantidad al envejecer. El sentido de los hábitos radica precisamente en poder confiar en ellos sin tener que emplear fuerzas adicionales: su cuidado es por ello el tercer paso hacia la serenidad.

            Dentro y fuera de las cuatro paredes, los hábitos pueden ayudar a gestionar lo extraño y procurar confianza. Esto es válido para las costumbres del comportamiento, así como para las de la vista, oído, pensamientos y sensaciones, y hábitos y rituales llevados a cabo entre varias personas.

            Las personas que van envejeciendo intentan por encima de todo conservar la vida en la que confían, aunque sea problemática. Temen perderla si no lo consiguen. Confían menos que los jóvenes en que las nuevas costumbres puedan conducir a nuevas confianzas. 

Cuarto paso: disfrutar de los placeres y de la felicidad 

            Reciben una bienvenida más calurosa que en épocas anteriores algunos placeres que, ahora que ya ha pasado el momento de los huracanes orgiásticos, adquiere mayor valor al ser conscientes de que ya no vamos a disfrutar de ellos incontables veces.

La serenidad significa dejarse seducir por estas delicias de placeres. En la capacidad de degustar de una manera consciente radica la razón para “aceptar y estimar” la vejez, porque, según señala Séneca en la duodécima  de sus cartas a Lucilio, “esta llena de alegrías cuando se sabe utilizar”.

Algunos placeres: el de tomar una taza de café, el de viajar, el de la jardinería. El placer del recuerdo, el placer de conversar y quizá también el placer de escribir algunas cosas para uno mismo y para los demás. 

Quinto paso: convivir con el dolor y la infelicidad 

            Muchos aspectos de la vida dependen de la suerte y de la mala suerte, sin que se pueda decir con toda seguridad cuales son las causas de la una ni de la otra. No tiene demasiado sentido otorgar la responsabilidad a uno mismo, a los demás, a la vida o a todo el mundo cuando pasa algo que no debería haber pasado. Puede ocurrir una desgracia, nos puede asaltar una enfermedad o se puede destruir una creencia. ¿Por qué me ha tocado a mí? En realidad, nunca se puede encontrar una respuesta. ¿Por qué me ocurre ahora? Puede ser simplemente una casualidad. ¿Cuándo me libraré de ello? Es posible que nunca. Y, entonces, ¿Qué?  Entonces solo te queda convivir lo mejor posible con eso que te ha tocado y decirte: esta es la obligación que me impone la vida, por casualidad, o adrede, quien sabe. Acepto este deber para hacer  algo con él porque para algo servirá. Al fin y al cabo, ¿todo lo que ocurre no tiene finalmente alguna utilidad?
 
 
Sexto paso: tocar para sentir la cercanía 
 
            Las personas dependen del contacto físico durante toda su vida. Desde el nacimiento vela por el fortalecimiento del sistema inmunológico y por el establecimiento de lazos afectivos y de protección y amparo. A lo largo de los años, los niños y los adolescentes se sienten consolados si se les abraza. También los adultos conocen los efectos positivos de la caricia o el contacto de una mano. El pulso acelerado se puede tranquilizar o una presión sanguínea creciente se puede reducir con la cercanía de una persona querida.
            Cuanto menos contacto físico recibe una persona, más extraño se sentirá consigo mismo y con los demás, y al final también con el mundo. La persona se siente excluida sin saber de dicha situación. Aquel que no recibe el roce de nadie ni de nada muere en soledad mucho antes de que llegue la hora de su muerte.
            La serenidad no se alcanza únicamente a través de un contacto corporal adecuado, sino con cualquier tipo de estimulo agradable que puedan proporcionar los sentidos: una cara bonita, contemplar una imagen o un paisaje, escuchar o interpretar música, para uno mismo o cantando en un coro, inhalar un aroma, degustar una comida, también moverse, ya sea paseando o haciendo deporte, y todo aquello que nos otorga la sensación de vivir con mas intensidad.
También es muy importante en la etapa de envejecimiento el contacto espiritual, que tiene que ver con todas las sensaciones que se pueden derivar de la amistad y la amabilidad. Siempre que no este presente el desinterés, resulta posible el contacto espiritual. 
 
Séptimo paso: Amor y amistad para sentirse inmerso en una red 
 
            En todas las épocas de la historia de la humanidad, los padres han enseñado la vida a sus hijos, pero con las tecnologías, cada vez más modernas que condicionan la vida hoy en día, la relación se ha invertido en parte y ahora los hijos enseñan la vida a sus padres porque  en el uso de la tecnología van un paso por delante, puesto que crecen con ella.
            Junto con el amor entre padres e hijos, el amor entre abuelos y nietos puede trasmitir un alto grado de sentido y serenidad a todos los implicados. Aunque los encuentros sean menos frecuentes que en épocas anteriores, los medios modernos hacen posible que se pueda mantener el contacto, incluso a grandes distancias. Muchos abuelos siempre están disponibles para sus nietos, para realizar actividades con ellos, escucharlos y explicárselo todo.
            Las personas ancianas, por su parte, se sienten más inmersos en la vida cuando pueden participar en el crecimiento de los niños. También la integración de guarderías en residencias de ancianos, que se ha intentado en diversos lugares, contribuye en este sentido.
            Pero en la relación de pareja en la vejez, mucho más que en cualquier otro momento de la vida, dependemos de la benevolencia entre nosotros que se deriva de la decisión  que cada uno ha tomado por su lado. Si la mayor muestra de amor en la juventud era afirmar “contigo hasta el fin del mundo” y “envejeceremos juntos”, ahora ha llegado el momento de demostrar en el día a día que no eran solo palabras hermosas.
            Y en la vejez alcanza una gran importancia la amistad. Al amigo me unen recuerdos imborrables, con él puedo hablar, con él me puedo sincerar, aunque no demasiado para no convertirlo en un paño de lágrimas. Una persona de la que no pretendo nada ni espero nada, con la que simplemente me gusta estar porque es como es. Me alegra que haya alguien que me quiera y a quien yo quiera, en el que encuentro comprensión y que él la encuentre en mí, con él que puedo tener privilegios y, de nuevo, él puede tenerlos conmigo. 
 
Octavo paso: conocimiento para adquirir alegría y serenidad 
 
            El conocimiento ayuda a seguir adelante cuando se plantean preguntas, es la búsqueda de sentido y de relaciones, y alcanza su objetivo cuando se puede reconocer las relaciones: “¡Ahora tiene sentido!”. El sentido de que estamos hablando raras veces es el sentido de la vida, sino el sentido en la vida, el sentido de los fenómenos y las experiencias individuales.
            Solo ante  sí misma tiene que justificar una persona su vida.
            Con ayuda del conocimiento, se puede evitar los nervios finales y alcanzar una serenidad definitiva, que también se puede definir como alegría.
            Tener sentido del humor y ser capaz de reír son sin duda dos elementos fundamentales para la dicha, que no es lo mismo que la alegría, aunque tiene mucho en común. Quien pueda decir de sí mismo “Soy un hombre dichoso” No tiene que estar siempre alegre. La expresión de la alegría es en su mayor parte una cuestión de momentos y fases de la vida, mientras que la suerte de la persona dichosa es la suerte de sentirse lleno, que va más  allá de sentir alegría en momentos determinados.
            Ahora todo es voluntario y nada una obligación. Ya no tengo que demostrar nada a nadie, ni a mi mismo, ni a los demás, y si no fuera así, ya sería demasiado tarde para ello.
            La serenidad dichosa no descarta la tristeza: la aceptación de la vida y de la vejez también abarca este aspecto. Cada noche, al irme a dormir, me siento profundamente agradecido por el día y también siento una tristeza profunda porque ya ha pasado.
            En mí mirada hacia el final del gran día de la vida me pregunto como encontraré el equilibrio final cuando llegue el momento de culminar con gran alegría la obra de la vida y verme obligado a despedirme ante ella ante la aparición  de la tristeza más  oscura.

 
 
Noveno paso: Una relación con la muerte para poder vivir con ella 
 
            Cada vez nos tenemos que enfrentar con mayor frecuencia a la muerte de los demás, que cada vez son más cercanos, a veces muy cercanos a nosotros, y nos descubrimos pensando: “el o ella ya han dejado atrás sus vidas”. Desde el momento en que desaparecen los propios padres queda muy claro: estamos en primera línea, no queda nadie entre la vida y la muerte.
            No solo la vida, sino también la muerte es una cuestión de significado. Nadie sabe lo que es en realidad. Eso es posiblemente lo más inquietante  que tiene. Pero su significado puede ser más tranquilizador. Se le puede considerar el acontecimiento que da sentido a la vida, porque marca la frontera que da valor a la vida. Tiene valor lo que esta disponible en una cantidad limitada, por eso se otorga más valor a las piedras preciosas  que a los guijarros. De la limitación del tiempo se deriva la preocupación por tener una vida preciosa, en la que se puedan sumar los momentos hermosos que se han podido reunir en el tiempo disponible.
El hecho de conocer un límite temporal nos impulsa a hacer  algo con la vida que parezca valioso, en la medida de lo posible. 
 
Décimo paso: pensamientos sobre la posibilidad de una vida después de la muerte 
 
            La muerte podría ser hermosa y valiosa como tránsito a otra vida. Quizá no se trate realmente de nada más que un tránsito de la vigilia al sueño.
            El autor quiere unir  en este paso  la  mortalidad con la inmortalidad. La posibilidad de semejante sentido lo sospecha cada persona durante toda su vida a través de experiencias extáticas, de la sensualidad más intensa, de las emociones fuertes que nos proporcionan los sentidos, de las extensas excursiones en el reino del pensamiento, de una conversación o de una lectura profunda, al hundirse en el juego o en una labor, de cualquier tipo de flow y ensoñación. Para experimentar tales cosas basta con olvidarse de uno mismo, intemporalidad, unión intima con todo, intensidad. Con frecuencia llamamos divinas a estas experiencias, y son tan fuertes que permanecen en la memoria. La intensidad de la energía que se experimenta en esos momentos permite alimentar la sospecha de que se podría tratar de lo esencial o autentico de la vida que se extiende más allá del yo y del tiempo.
            Confiar en la posible existencia de una vida nueva y diferente alivia en los mayores  el estrés de la  vida porque no debemos exigirlo todo de la supuesta “única vida”. ¿Y si no fuera así? Entonces esta vida ha sido, por lo menos, una vida hermosa.
 
BIBLIOGRAFIA:
SCHMID Wilhelm: Sosiego, El arte de envejecer. (2015). ED. Kairós