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miércoles, 23 de mayo de 2012

SOLEDAD COMO REFLEXIÓN Y APRENDIZAJE



Introducción

 
El hombre es un ser social por naturaleza. Desde que nacemos necesitamos de afecto, sentirnos integrados en un grupo y mantener relaciones de apego.

 
Y sin embargo, vivimos en una sociedad cada vez más individualista, donde es importante destacar sobre los demás sin importar las personas con las que te cruzas ni sus sentimientos. Solo nos importa acaparar bienes materiales y no ser buenas personas.

 
Es necesario plantearse si en nuestra sociedad y el mundo en su conjunto estamos pasando por una profunda crisis de valores, pues no es normal que en este mundo cada vez mas globalizado y multicultural haya personas que se sientan solas. Es un modelo de sociedad basado únicamente en el egoísmo, la falta de solidaridad, el consumismo, el capitalismo salvaje..etc

 
Definiciones

 
Psicológicamente definimos la soledad como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, que se presentan con síntomas de trastornos psicológicos y desadaptacion, como ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo

El diccionario de la lengua española la define como carencia de compañía, pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa.

 
En un estudio realizado por la Universidad de Granada en 2001 (Rubio y Aleixandre, 2001), los españoles la definen como:

 
  • Ausencia de personas.
  • Sufrimiento.
  • No tener a quien acudir.
  • Angustia.
  • Insatisfacción.
  • Miedo. 

     
También la soledad puede en algunos casos ser simplemente tristeza sin causas aparentes, a lo que hace referencia por ejemplo el término “saudade”.

 
Vemos pues, que la soledad puede ser definida de diversas formas, pero en principio, la soledad es una condición de malestar emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr intimidad emocional. La experiencia de soledad, en el fondo, es la sensación de no tener el afecto necesario deseado, lo cual produce sufrimiento, desolación, insatisfacción, angustia, etc., si bien se puede distinguir entre aislamiento y desolación, es decir, entre la situación de encontrarse sin compañía y la conciencia de deseo de la misma, de añorar personas o situaciones (Rubio, 2007).

 
De la soledad objetiva a la percepción subjetiva de la soledad
  
Cuando analizamos la soledad encontramos en ella dos dimensiones: la objetiva y la subjetiva. No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Estar solo no es siempre un problema, (Rubio, 2004). Todas las personas necesitan pasar cierto tiempo solas, lo que se aprovecha para conseguir ciertos objetivos. A veces deseamos estar solos porque ciertas cosas no pueden hacerse si no es así. Evidentemente, la soledad deseada y conseguida no constituye un problema para las personas, incluidas las personas mayores.
  
Sentirse solo, en cambio, es algo más complejo y paradójico, ya que puede ocurrir incluso que lo experimentemos estando en compañía. En este sentido, la soledad es una experiencia subjetiva que se produce cuando no estamos satisfechos o cuando nuestras relaciones no son suficientes o no son como esperaríamos que fueran (Bermejo, 2005).
 
Por ello se habla de soledad objetiva y soledad subjetiva. La primera se refiere a la falta de compañía, y no siempre implica una vivencia negativa sino que puede ser una experiencia buscada y enriquecedora, aunque la mayoría de estas personas se han visto obligadas a ello, en esa línea podemos citar en nuestro país a un 19’5% de los mayores de 65 años que viven solos, según el Censo de Población de 2001,lo cual sería una población en principio con perfil de riesgo porque debemos tener en cuenta que su relación con otras enfermedades como depresión y Alzheimer, tan frecuentes en la población mayor actual.

 
La dimensión subjetiva es la que padecen las personas que se sienten solas, independiente de que vivan o no con otras personas, o estén insertas en un contexto social, porque aquí no hablamos de ausencia, sino de ese sentimiento doloroso y temido por muchas personas mayores. Nunca es una situación buscada.

 
Soledad social

 
Se conoce que muchas de las personas que experimentan la soledad realmente tienen problemas con sus competencias y habilidades sociales. Existe el miedo a compartir con los otros, lo que hace que las personas se retraigan impidiéndoles establecer relaciones interpersonales sólidas.
 
Muchas personas, se sienten incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes le rodean, tienen miedo de las cosas malas que le puedan hacer o a sentirse rechazados. Ponen un muro a su alrededor, se encierran y viven un vació que son ellos mismos quien se lo crean y lo justifican con planteamientos como “no me entienden”, “la gente solo quiere hacerte daño”, para lo único que les interesas es para sacar algo”, “cada vez que confías en alguien, termina haciéndote daño”.

 
Tenemos que distinguir que si la soledad es deseada nada hay que decir, pero también tenemos que entender que el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con los que compartimos tantas cosas, es un cimiento difícilmente sustituible para llevar una vida feliz.

 
La soledad no deseada puede terminar en un problema de angustia pues actuaremos como deseosos de vivir solos camuflando una apariencia de fortaleza, agresividad y timidez y lo cierto es, que lo que hacemos es esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.
Algunos recursos contra la soledad
 
 
Es muy importante antes de nada conocer que tipo de soledad estamos atravesando para comprender hacia donde debemos seguir nuestros pasos. Es decir, analizar si ello viene dado porque no tienes un grupo de amigos con el cual compartir, tiempo e ideas, o porque te falta una relación amorosa, o un buen amigo etc.
 
Muchas personas se encuentran solas porque son tímidas, es decir simplemente les da vergüenza acercarse a las personas. Cuantas agradecerían una buena conversación que seguro les alegraría el día.

 
Así que vamos a ver algunos recursos para poner en práctica contra la soledad:

 
Sentir la vida con placer:

 
Cuando estamos solos notamos mejor las cosas. Las sensaciones y emociones son más claras y más evidentes. Podemos elegir la sensación y disfrutarla. El tiempo parece que pasa más despacio, y se aprovecha mejor los momentos de sentir. Cuando estamos solos queremos más a la gente.

 
Escucharnos:

 
Debemos reflexionar sobre la opinión que tenemos de nosotros mismos, como somos como personas, pero esto lo hacemos poco, preferimos no parar nunca, por no enfrentarnos a nuestros miedos.

 
Meditar:

 
Dediquemos tiempo a meditar y relajar nuestro cuerpo.

 
Los recuerdos:

 
Los recuerdos son una fuente de felicidad. La soledad es un buen momento para quedarnos a solas con nuestros recuerdos, es decir elegir un recuerdo o conjunto de recuerdos y revivirlos en nuestro pensamiento.
 
Cambiar pensamientos negativos por pensamientos placenteros o positivos:

 
Consiste en sustituir el pensamiento que tenemos en nuestra mente por otro.
Existen dos formulas que solo citaremos. En cualquier manual de psicología se pueden encontrar estas dos tecnicas y otras muchas para trabajar el cambio de pensamientos o conductas. La primera es poner a trabajar los sentidos con concentración. La segunda consiste en proponernos a nosotros mismos un pensamiento sencillo y placentero.
 
Planes en las distintas parcelas de nuestra vida:

 
Cuando pensamos con anticipación en un tema, (Enamorar a una persona, distanciarnos de un problema, mejorar las relaciones con otros…etc), reflexionamos sobre sus aspectos positivos y negativos, buscamos alternativas y preparamos nuestras ideas, estamos tomando la iniciativa lo que nos lleva a que estamos mejor preparados para llevar a cabo lo que necesitamos o deseamos.

 
La soledad también tiene sus cosas buenas

 
La soledad no siempre es dañina, existen personas que la buscan para estar más tranquilos y reflexionar a la hora de tomar sus decisiones más importantes. Por lo que podemos apreciar que esta tipo de soledad es una soledad deseada elegida por nosotros.
 
A veces tomamos periodos de soledad para dar un paso atrás, mirar nuestra vida en retrospectiva y planear nuestro futuro.
 
A veces estamos solos sin tener que darle explicaciones a nadie, simplemente disfrutando de aquellas cosas que más nos apetecen, sobre todo si tenemos profesiones muy estresantes y necesitamos aparcarlas durante un tiempo.

 

 

“por ella aprendí tanto,

 
Que he vertido lágrimas;

 
Si alguna vez la repudio,

 
Ella nunca se rinde

 
Y, aunque prefiera el amor

 
De otra cortesana,

 
Ella será el último día

 
Mi última compañera.

 
No, no estoy nunca solo

 
Con mi soledad”

 

 
GEORGES MOUSTAKI


 
 
Como influye la soledad en los mayores

El 19´5% de las personas mayores viven en soledad, una de cada cuatro. Esta cifra encierra una realidad mas cruda: un 25´9 de las mujeres de edad viven solas y solo un 10´8 de los varones.

Destacar puntuaciones altas de soledad en separados, viudos y divorciados en los tres factores estudiados (Familiar, Conyugal y Crisis Existencial).

Es importante reconocer las manifestaciones de dependencia que puedan presentarse en el anciano como, por ejemplo, la incomunicación debida a perdidas sensoriales, problemas del sistema nervioso, depresión y soledad, así como aquellos trastornos orgánicos (accidentes cerebrovasculares, cataratas, inmovilización, traumatismos, uso de fármacos hipnóticos y antidepresivos, ansiedad, estrés y sentimiento de culpa) que puedan dificultar la comunicación.

También el mayor al igual que el resto de personas puede disfrutar de la soledad, pero hay que insistir en la soledad que se asocia a la plenitud, donde el mayor dice que emplea estos momentos de soledad para reflexionar, meditar, rezar, alimentar su vida interior. La soledad-plenitud es un testimonio de salud psíquica, un fenómeno natural, mientras que la soledad depresiva (patológica), representa una reacción de sufrimiento.

Algunos factores que parecen ser origen de soledad en los mayores:

Además de una edad avanzada, la pérdida de un ser querido (cónyuge) y los problemas de salud también podemos nombrar:

• Falta de autoestima.

• Alejamiento de la familia.

• Escasos recursos económicos.

• Muchas veces el no poder contar con nadie en caso de necesidad.

• El hecho de no poder salir de casa.

• Insatisfacción con las relaciones familiares.

• La insolidaridad y los conflictos familiares.

• Pobreza de las relaciones vecinales.

• Pensamientos negativos y restrictivos de carácter defensivo hacia su baja autoestima, hace que disminuyan las probabilidades de tener encuentros.


Algunas estrategias para combatir el aislamiento y la soledad en los mayores:

• Debemos creer en su capacidad para cambiar las cosas, es importante tener confianza en ellos y dejar de prepararles y planificarles su vida.

• utilizar la mente de manera creativa: escribir un diario, una carta, leer, meditar…

• Promover el intercambio Intergeneracional como herramienta susceptible de facilitar los lazos entre generaciones.

• Fomentar la formación del mayor, basándonos en la importancia de la formación a lo largo de toda la vida.

• No maltratarse con pensamientos, sentimientos y actuaciones de autodesprecio.

• Descubrir todo lo bueno que hay en uno y felicitarse por ello las veces que sea necesario.

• No exigirse demasiado.

• Rodearse de personas y contar con su apoyo emocional.

• Vive la soledad como una experiencia positiva esto equivale a estar satisfecho con uno mismo.

• Considerar el uso del ordenador e Internet para mitigar o reducir la soledad y el aislamiento social. En un estudio de (Clark, 2002 y Shaw y Grant, 2002) se encontró que el uso de Internet reducía significativamente la soledad y la depresión, mientras que el apoyo social percibido y la autoestima aumentaron significativamente.

• Apoyarse en las creencias religiosas. Creer en un ser supremo proporciona un sentimiento de ayuda espiritual e impide la soledad. Álvarez Turienzo nos dice: “lo que el individuo hace, en definitiva, con la soledad, efectivamente, es religión.”

• Actividades de voluntariado mas o menos organizado, donde la solidaridad y el deseo de ayudar a otros se vuelve también hacia uno mismo, satisfaciendo la necesidad de sentirse útil a la vez que los pone en relación con mas gente que hace lo mismo.

Conclusión

La soledad es el reflejo de las expectativas, ello explica que ante un mismo hecho, por ejemplo, muerte de una pareja, para unos es motivo de soledad, de presión para otros simplemente un evento negativo al que hay que adaptarse, depende de sus expectativas.

Creo que es ahí donde los que trabajamos con adultos y con mayores tenemos que incidir más.

Tenemos que formar a los mayores para que vivan una existencia plena y productiva. Para ello debemos enseñarle habilidades para que se planten preguntas, cuestiones y dudas sobre su vida, sobre sus emociones y sentimientos que les afecten para que poco a poco vaya conociéndose a si mismo.

Debemos enseñarles sobre la amistad, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, educar en la colectividad, que sepan escuchar a los demás y que sepan trasmitir.

Debemos también escuchar sus inquietudes sobre sus necesidades de aprender, porque aquí estará su motivación que le ara vivir una existencia plena y productiva aumentando su calida de vida.

En muchas personas mayores también debemos tener en cuenta sus limitaciones. Por ello se debería vigilar y controlar los posibles problemas originados por la falta de motivación, disminución sensorial, depresión, falta de interés, debilidad psicomotriz y disminución de la capacidad de aprendizaje.

Mas que nunca los mayores necesitan ser valorados y apreciados y su ego esta recibiendo duros golpes debido a las propias perdidas y el proceso de envejecimiento. La angustia del mayor puede estar presente como consecuencia de toda la dinámica de pérdidas, separaciones y desarraigos reales, incluso imaginarios.

Si no se trabaja por evitar las consecuencias de la soledad de los mayores, los afectados no solo serán ellos, sino también la sociedad entera. “la soledad de los mayores supone la ausencia de su palabra en otras generaciones. Sufrimos una escasez de padres y maestros, de referencia. Vivimos vagabundos, sin alguien que nos diga palabras sabias. Una sociedad que margina a sus maestros perece en el subjetivismo.” (Moreno A. 1996)

“Si la realidad esta gris, la pongo verde GLORIA FUERTES


BIBLIOGRAFIA:



RUBIO HERRERA. Ramona: la soledad de los mayores. Universidad de Granada

MEDINA, José. CEMBRANOS, Fernando. (1996): la soledad. ED. Aguilar.



lunes, 7 de noviembre de 2011

LA MUERTE: ÚLTIMA ETAPA EN NUESTRO CAMINO DE VIDA



“Las sociedades occidentales han olvidado la muerte. No es, pues, extraño que la muerte no haya sorprendido tanto al hombre como en la actualidad.”

DR. Henri Delbecque


Todas las personas al termino de su vida necesitan ser acompañadas, independientemente de la edad, el sexo o la categoría social y cualquiera que sea el lugar acordado o la espiritualidad durante su existencia.

Se debe ser tolerante respecto a sus creencias, respetar su autonomía en la toma de decisiones, respetando a la persona y potenciando su dignidad.


Estructura del artículo:


1. Desde el cuidador: familia y amigos.

• Como ayudar a un ser querido a dar el salto.

• Como acompañar al moribundo.

• Dar permiso.

2. Desde el enfermo o doliente.

• Etapas.

• Sufrimiento moral del paciente.

3. Por una muerte digna.


Desde el cuidador:

La familia

Elizasu C. nos dice que: desde el mismo momento en que la familia toma conciencia de que uno de sus miembros va a morir en un plazo más o menos breve, surgen una serie de miedos:

• Al sufrimiento del paciente y especialmente a que tenga una agonía dolorosa.

• A que el paciente sea abandonado y no reciba la atención adecuada en el momento necesario.

• A hablar con el paciente (conspiración del silencio).

• A que el paciente comprenda su situación física por las manifestaciones o actitudes de la familia.

• A estar ausente cuando la persona fallezca, a separarse de ella un momento, lo cual entorpece la necesidad de descanso y de realización de las actividades propias de la vida cotidiana.

Cómo acompañar al moribundo

Sé firme como la roca, sonríe cuando veas que desfallezca que no vea que tu alma llora por ese tiempo que se le va. Cuando veas que se viene abajo aunque su aspecto sea duro y parezca que está bien, piensa que es alguien que ha perdido todo, por tanto comprende la dureza de su sentir.

• Apóyalo.

• Ríe con él mientras tenga fuerzas para hacerlo.

• Cógelo de la mano, mímalo, dale un gran abrazo, siente su temblor a través de tu piel.

• La importancia de la escucha, incluso muchas veces es más importante que el hablarle, observarle en su manera de comunicar tanto verbal como no verbalmente.

• No pierdas la oportunidad de decirle cuanto le queremos si es pariente o todo lo que ha aportado a nuestra vida si es amigo.

Es una persona que se muere, que va a un mundo distinto, donde la fuerza de la vida está dejando de empujar.

Respetar su mundo interior, aumentar la intimidad e intentar compartir el trance por el que esta pasando.

Es importante hablar con el enfermo de cosas cotidianas y de personas queridas, recordarle los mejores momentos de su vida y los buenos momentos pasados juntos. Es decir, hablarle de la vida. Debemos conseguir traer al enfermo al presente y no debemos olvidarnos que el presente pertenece al no tiempo, es decir, a la eternidad.

Acompañar al moribundo implica compartir su mundo más íntimo, conocer sus sentimientos, sus emociones entender sus creencias saber lo que anhela, lo que espera aún cuando no lo ve, su fé su esperanza. Esto nos permite avivar esa fé hasta convertirla en fuente motivadora, fortalecedora para vivir sus últimos días. Pero.. ¿Cómo sembrar esperanza en el corazón de otro si no hay esperanza en nuestro corazón? Es imposible engañar al moribundo. El moribundo no puede ser engañado, él sabe quién le miente, todo lo percibe porque está en la hora de la verdad y él reconoce la autenticidad de quien lo acompaña.


Dar permiso

“Me gustaría tener el coraje de dejarme morir, siempre que los más allegados a nosotros nos dieran permiso para morir.”

En algunas ocasiones, ante el sufrimiento de sus familiares, el moribundo no se concede permiso a sí mismo para partir. Por eso, llegado el momento, puede ayudar decirle que le queremos, que estaremos bien, que no se preocupe por nosotros y que puede partir y descansar.

Nos cuesta trabajo darles el “permiso” de morir, el permiso de irse. Queremos sujetarlo. Pienso que los médicos están especialmente equivocados en eso, luchando contra la muerte, manteniendo a la gente viva con máquinas. Necesitamos llegar a comprender que hay un tiempo para morir y necesitamos dar ese permiso para poder morir cuando realmente es el tiempo de morir.

Desde el enfermo o doliente:

Cuanto más envejecemos más cerca estamos de la muerte. Si no hemos adquirido el hábito de pensar en ello hay muchas posibilidades de que nos invada la angustia.

Esa perspectiva de desaparecer para siempre es más espantosa cuando no sabemos verdaderamente por qué hemos vivido.

La muerte pone fín a la vida pero no a la relación, continuámos viviendo en el corazón de aquellos a los que conmovimos y acariciamos en vida.

Cuando al envejecer nos volvemos más conscientes de nuestro yo, tenemos también menos miedo a morir, porque experimentamos que somos eternos.

¿Cómo podemos morir sin haber dicho adiós a los que nos importan, sin haber escuchado de sus labios esas palabras de amor que dan fuerza para morir, sin tener el sentimiento de estar en paz con ellos? Como podemos morir sin haber dejado a los que se quedan una palabra, un gesto, una mirada que les consolará de la separación y les ayudará a vivir sin haberles dado la ultima bendición.

Hablamos, y después de poner nuestras cosas en orden, cerraremos los ojos. Confundámonos con el silencio y esperemos la muerte. Estos rituales del silencio son muy eficaces.

Debemos aceptar la muerte; forma parte de la vida. Y sin embargo, en el fondo del corazón, casi nadie la espera de verdad ni lo desea. A pesar de que racionalmente, conocemos perfectamente el hecho de nuestra finitud, raramente somos plenamente conscientes de todo lo que representa. Solo parece tener realidad la muerte de los demás, no la nuestra.

“Pocos creen que ya les ha llegado su hora, la hora de dejar de ver, de sentir de abandonar definitivamente irreversiblemente el mundo que les rodea, el mundo de los recuerdos entrañables, el mundo de los suyos”


Etapas por las que pasa el enfermo cuando le han comunicado su enfermedad:

1ª etapa: LA NEGACIÓN

El paciente no quiere ver, no quiere saber. Hay una lucha entre nuestra manera de querer ser feliz y la realidad de lo que nos ocurre. Es una reacción de defensa.

El enfermo siente que la realidad le sobrepasa y necesita un tiempo que hemos de respetar hasta que vaya admitiéndola. Como dice Stephen Levine “La mente niega todo lo que es incoherente con nuestro modelo de cómo deberían ser las cosas".

2ª etapa: LA IRA/EL ENOJO

Esta etapa es una etapa breve, pues el paciente se da cuenta de la importancia de los tratamientos, de cómo van disminuyendo sus fuerzas.

Se trata de una lucha interna en la que la progresiva realidad de la muerte entra en conflicto con un fuerte impulso por recobrar el mundo perdido. Prevalece la ira. No debemos juzgarla ni interpretarla como un ataque personal. Los intentos de combatirla con palabras tranquilizadoras o argumentos racionales están abocados al fracaso. Es mejor escuchar, permitir que el enfermo exprese la ira y empatizar con él, entendiendo sus sentimientos.


3ª etapa: LA PENA/LA TRISTEZA

Según avanza la enfermedad, disminuye la fuerza, la imagen se va deteriorando, etc., se va formando una depresión. Hay que crear alrededor de él un ambiente tranquilo, dejarle espacio para manifestar su sufrimiento, algunas palabras y mucho silencio.

Es una fase de abatimiento ante las pérdidas que ha de afrontar. Se tiende a oscilar entre diversas emociones: tristeza, llanto, mutismo, agresividad. El enfermo se siente muy vulnerable. Si se le transmite nuestra total aceptación, exprese lo que exprese, se le ayuda a pasar del rechazo a la aceptación. En muchas ocasiones no valen de nada las argumentaciones sino la cercanía, tal como refleja Stephen Levine: “Tomarle la mano a la otra persona es más importante que todas las palabras que podamos decir”.

4ª etapa: LA ACEPTACIÓN

Al cabo de un cierto tiempo, el paciente siente la inutilidad de sus resistencias y entra progresivamente en la llamada etapa de aceptación.

La persona se acerca progresivamente a una etapa de adaptación a su nueva realidad. Experimenta un sentimiento de paz interior y exterior que no debemos confundir con la resignación.

Sufrimiento moral del paciente, Elizasu C. (2010: 22):


El dolor

El paciente enfermo terminal tiene dificultades para situar el dolor, ya que su sufrimiento muchas veces es difuso. El dolor es una experiencia sensorial, desagradable, subjetiva y del que solo la persona que se queja puede explicar.

La depresión y la angustia aumentan también la percepción del dolor.

La alteración de la imagen corporal

Por la enfermedad misma o por los tratamientos empleados, a menudo esa pérdida dolorosa es vivida como un ataque a la dignidad y hace que muchas veces el enfermo se aísle y rechace todos los intentos de comunicación.

La ruptura del equilibrio cotidiano

Todas las actividades habituales y simples (levantarse, moverse de un lado a otro, comer, respirar) ahora cuestan más esfuerzo y más tiempo.

Las consecuencias psicológicas y morales de la enfermedad

El enfermo tiene una profunda inquietud: ¿me volveré a curar?, ¿podré volver a ser como antes?, ¿existen tratamientos?, ¿me voy a morir? Estas inquietudes se manifiestan de modo diferente: agresividad, mutismo, etc.

Las humillaciones

El enfermo sufre de su dependencia de los otros. Depende de los horarios de aquellos que le cuidan o le visitan y se siente humillado en su cuerpo. A la vez también sufre una falta de intimidad, compañía o soledad no deseadas.

La vulnerabilidad

Los enfermos sufren al tener que abandonar una cierta imagen de ellos mismos. Dejan mostrar sus vulnerabilidades o debilidades y buscan alrededor de ellos consuelo, afecto, que les reconforte.

La exclusión o la marginación

El enfermo siente rechazo por su enfermedad que le llevará a su muerte. El entorno tiene miedo y distancia sus visitas al no saber como reaccionara en tales circunstancias. El enfermo se siente también excluido al no poder mantener sus roles socio-familiares.

El cuestionamiento del sentido de la vida

Muchas preguntas atormentan al enfermo ¿Por qué yo? Soy demasiado joven para morir, ¿Qué he hecho para merecer esto? Muchos tratan de buscar un sentido a su vida actual y algunos encuentran razones de vivir: el amor a los suyos, la amistad de su entorno, la esperanza a pesar de todo y, un instinto de supervivencia ante lo desconocido. Otros se apoyan en su fé religiosa.

El miedo

Muchos miedos invaden al enfermo. Estos temen sufrir, ser abandonados, perder la cabeza, ahogarse etc. Otros temen un juicio severo y esperan palabras de perdón. Los hay que se interrogan sobre el más allá.

El sufrimiento del entorno

Junto a su sufrimiento, los enfermos sienten de manera intensa el sufrimiento de sus allegados.

Por una muerte digna:

“Cuando se aproxime mi hora quisiera estar preparado para afrontar la muerte con serenidad” (R. Bayés)

Un deseo que creo que todos estamos de acuerdo, es el de que cando nos llegue la muerte, nos gustaría que fuera en el trascurso del sueño, sin dolor y en paz.

La muerte digna, la muerte sin dolor y sin angustia, es ante todo un derecho humano. Incluso un derecho animal. El derecho a morir dignamente se inscribe en el ámbito de los derechos relacionados con la autodeterminación (Paniker, 2005)

Dentro de unos límites, podemos dirigir el lugar, el momento y la manera en que moriremos, tomando decisiones aprovechándonos de los avances médicos en esta materia. Podemos dejar nuestras decisiones escritas una de ellas es el “Testamento Vital” es un documento por el cual la persona detalla voluntariamente los tratamientos médicos que quiere recibir, o no quiere recibir, en el caso que una enfermedad irreversible o terminal le deje en un estado que no le permita expresarse por ella misma.(asociación DMD, por una muerte digna).


Para terminar este artículo quiero invitaros a ver y disfrutar de un trailer de un corto de dibujos animados, que trata este tema de una manera reflexiva pero con toque de humor, tan importante para todos nosotros.


Cortometraje “La dama y la muerte”

 
BIBLIOGRAFIA:

Libros para trabajar con los niños sobre el tema:


http://www.cc.nih.gov/ccc/patient_education/pepubs_sp/talkingsp.pdf

http://www.alfinlibros.com/cas/index.php?idT=15&desc=Cuentos para niños&pg=llistatLlibres




Para trabajar con mayores:


ELIZASU, Carolina. (2010): El acompañamiento en fin de vida. ED. CCS.


KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2007): La muerte; un amanecer. ED. Luciérnaga.


KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2006): La rueda de la vida. ED. Ediciones B.


BUENO, Mariano. (2010): La muerte nacimiento a una nueva vida. ED. Edaf


MARTIN NOMEN, Leila. (2007): El duelo y la muerte” El tratamiento de la perdida”. ED. PSICOLOGÍA PIRÁMIDE

http://www.vivirlaperdida.com/libros_para_profesionales.htm

http://www.msc.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/excelencia/cuidadospaliativos-diabetes/CUIDADOS_PALIATIVOS/estrategiaCuidadosPaliativos.pdf