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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Formación de monitores para desarrollar el proyecto “EL SENTIDO DEL HUMOR, SU REPERCUSIÓN EN LA CALIDAD DE VIDA DE LAS PERSONAS MAYORES"



Introducción:

El monitor es la persona que inspira y motiva a los demás. Es el responsable de lo que sucede en el grupo, él propone los ejercicios, pero sin negar la corresponsabilidad de los participantes en ese taller.

El monitor no es solamente la persona que entretiene y que organiza salidas, no es solamente un experto en juegos. Un monitor es un educador, y para ser educador tiene que ser uno mismo, debe tener un espíritu crítico, ser auténtico y buscar el equilibrio.

El taller debe constituirse en un “espacio privilegiado” donde ocurren procesos profundos en cada una de las personas. Por ello, la información no sale al público ni se mencionan nombres, lo que acrecienta la confianza y fidelidad del grupo.
El monitor hace las funciones de guía, de inspirador, de apoyo y ayuda a los participantes a crecer.

Él crece en cada taller, si es que ha mantenido una actitud abierta y de autoobservación en un camino inacabado de aprendizaje continuo.

Es un ser con valores y sentimientos, que comparte y se expresa con entusiasmo, por ello su presencia acapara la atención. Es flexible, pero sabe exigir. Deberá ser una persona disciplinada y manejará situaciones de conflicto y ambigüedad. No debe rendirse ante el fracaso.

Debe ser responsable de formar a cada persona en el aprendizaje de percibir las realidades cotidianas desde otra perspectiva más favorable.

Un monitor que va a trabajar desde el humor ha de ser, ante todo, una persona optimista, cargada de razones para reír y exteriorizar su alegría, para contagiar a los demás su visión positiva de la vida. Ha de ser capaz, a través del ejemplo, de romper con las creencias destructivas y sembrar, desde la empatía, la paciencia y la comprensión, la esperanza y la ilusión en las personas que acuden al taller.

Debe trasmitir a los mayores la necesidad de vivir el presente con entusiasmo, para que disfruten de las pequeñas cosas y hacerles ver que la felicidad es el camino a recorrer, no una meta a la que llegar de cualquier modo.

Reaprender a reír puede ser una de las mejores estrategias para sanar a los que en estos momentos sufren dolor físico o de espíritu.

1. A El curso consta de dos partes: una teórica y una práctica

a) Índice de la parte teórica:

  • Importancia de la aplicación del juego, la creatividad y las técnicas de grupo.
  • Concepto: el sentido del humor.
  • El humor en nuestra sociedad.
  • La risa, el humor y la felicidad.
  • Entrenar en habilidades sociales.
  • Obstáculos y barreras para su utilización.
  • Funciones del humor.
  • La risa y el humor como terapia.
  • Ejercicios para provocar la risa.
  • Aplicación del humor en situaciones reales.
  • Técnicas para hacer reír a los mayores.
  • Técnicas de restructuración cognitiva.
  • Entrenamiento en resolución de problemas.
  • Humor y autocuidado: Autoestima y asertividad.
  • La expresión corporal y su aplicabilidad con los mayores.
  • La dramatización. Enseñarla y aplicarla como juego en distintas situaciones de la vida que se le pueden presentar al mayor.
  • Controlar situaciones y eventos negativos.
  • Ejercicios para activar lo mental y lo físico.

b) Parte práctica en un centro:

Consistirá en preparar y desarrollar una clase de dos horas.
1.B Objetivos


Generales:

Capacitar al alumno para ejercer como profesional de la animación social con mayores desde la perspectiva de utilizar el humor en la mejora de su calidad de vida.

Específicos:

  • Que el participante sea capaz de que los mayores entiendan los conceptos de habilidades sociales: “Autoestima, asertividad, resiliencia…etc
  • Que el participante esté sensibilizado ante el mayor.
  • Que el participante sea capaz de comprender la importancia que el humor tiene en nuestra sociedad.
  • Obtener los recursos y las herramientas necesarias para dirigir una sesión completa desde el inicio de la misma hasta la finalización y la despedida de los participantes.
  • Conocer técnicas de dramatización, creatividad y juego.
  • Que el participante sea capaz de aplicar el humor y la risa en todas las dinámicas que utilice con personas mayores.
  • Que sea capaz de gestionar de forma eficaz un grupo de personas mayores frente a sus demandas y necesidades.
  • Que sea capaz de aprender y practicar los procesos de resolución de problemas.
  • Que sea capaz de experimentar, identificar y conocer las relaciones entre el educador y los participantes desde el tipo de personalidad de cada uno.

Nivel de profesionalización:

Podrán realizarlo aquellas personas que posean una formación no reglada en este ámbito. (Monitores de tiempo libre, monitor cultural o voluntarios no formados,).
También podrán asistir los técnicos de animación sociocultural, que hayan estudiado algún ciclo formativo de grado superior de esta materia, es decir animadores, dinamizadores y coordinadores de programas).



1.C Qué conocimientos debe poseer el animador que va a trabajar en este proyecto:

  1. Poseer las actitudes y aptitudes necesarias para trabajar con mayores, es decir conocer sus modos de pensar, sus intereses y sus valores.
  2. Formarse continuamente para responder adecuadamente a los nuevos retos que debe asumir.
  3. Debe potenciar el trabajo y la cohesión grupal desde el respeto y la aceptación mutua.
  4. Se le debe exigir estabilidad y madurez, tener confianza en sí mismo, capacidad de ayudar y un gran sentido del humor.
  5. Debe tener una gran empatía que le haga cercano al individuo y al grupo para potenciar las relaciones.
  6. El animador es la persona que dinamiza y ayuda a organizar el proceso de animación, es el técnico que ayuda a los individuos y a los grupos, grandes o pequeños, a que planifiquen sus actividades, las pongan en práctica y consigan sus objetivos.
  7. Debe poseer entrega, vocación social y altruismo.
  8. Debe favorecer la puesta en marcha de acciones que sean fruto de la toma de decisiones de las propias personas mayores con las que trabaja.
  9. Estimular la creatividad dentro del grupo.
  10. Potenciar y favorecer la ilusión por vivir, comunicar a través de la expresión corporal, desarrollar el gusto por el juego y la travesura.
  11. Propiciar la diversión y un clima distendido y agradable.


Formación:

  • Dominar las técnicas de grupo, administración y elaboración de proyectos.
  • Formación cultural suficiente.
  • Poseer unas habilidades específicas en música, expresión corporal, teatro, títeres, danza, artes plásticas y juegos.
  • Habilidades sociales y de comunicación.
  • Conocer los componentes específicos del colectivo con el que trabaja.

Actitudes:

  • Actitud democrática, respetuosa y tolerante.
  • Capacidad de escucha.
  • Sentido de la responsabilidad y del compromiso.
  • Que sea una persona equilibrada.
  • Capacidad para el diálogo.
  • Motivación e iniciativa.
  • Entrega, vocación social y altruismo.
  • Amabilidad y sentido del humor.


1.D Visión pedagógica:

Mayor, ejes:
  • Activar lo mental y lo físico.
  • Ofrecerle la posibilidad de relacionarse con los demás.
  • Su propio desarrollo personal.

Objetivos de la educación:

  • Prevenir el grado de deterioro, tanto físico como psíquico, de los mayores (consecuencia del envejecimiento).
  • Desarrollar papeles y situaciones mediante dinámicas, trabajos y lecturas.
  • Desarrollar y potenciar su crecimiento personal y aumentar su calidad de vida.

Trabajaremos la educación no formal y, dentro de ella, la ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL. Con ella llegaremos a completar los puntos más importantes en cuanto a sus necesidades:

  • Sociabilidad.
  • Seguridad.
  • Conocimiento.
  • Desarrollo personal.
Con esto se abren nuevos escenarios para garantizar la calidad de vida de estas personas y es aquí donde me gustaría poner o vincular mi propuesta del sentido del humor, como contenido que debe ser trabajado para que nuestros mayores tengan la oportunidad de gozar, disfrutar y reír.
La importancia del humor y de las emociones positivas es básica para la conquista de un envejecimiento activo y saludable.

Los educadores, pedagogos, terapeutas, psicólogos y demás profesionales que trabajan con personas mayores saben y reconocen la importancia del sentido del humor desde dos perspectivas:
Primera: de cara a la propia estabilidad emocional y cuidado personal, al trabajar con una población vulnerable.
Segunda: de cara a buscar nuevas e imaginativas fórmulas, técnicas y estrategias de intervención socioeducativas: Creando talleres, elaborando materiales, diseñando dinámicas de comunicación y de relaciones divertidas y atractivas.
Hay que enseñarles el arte de vivir, disfrutar y relacionarse. Es necesario ayudar a las personas mayores estrategias y habilidades intra e interpersonales con intención de mejorar su sentido del humor para que puedan superar frustraciones, relativizar fracasos, sobrellevar desencantos, superar duelos, desterrar momentos de apatía, así como valorar aquellos momentos, situaciones y personas que les hacen reír y divertirse. El objetivo es establecer una buena comunicación con ellos mismos, con las personas con las que se interrelacionan y con su entorno.


El humor en el envejecimiento activo

  • Afronta el estrés. Al reírnos reducimos el estrés.
  • Nos da el tener una mirada humorística de la vida haciéndonos disfrutar de ella.
  • Humor como gozo de la vida y de las personas.
  • El humor nos hace tomar distancia entre los problemas y la vida.
  • El humor, como encuentro entre individuos, hace estrechar los lazos y aliviar las tensiones.
  • Ayuda a las personas a reírse de sí mismas y a autoaceptarse con sus puntos débiles y vulnerables.
  • Rompe con la rutina y la excesiva seriedad.
  • Fomenta las emociones positivas.
  • Aumenta la memoria y la resolución de problemas.
  • Mediante el humor podemos encontrar el equilibrio entre la tragedia y la comedia.
“Bienaventurados los que se ríen de sí, porque nunca les faltarán motivos de que reír.”

“No dejamos de jugar porque envejecemos sino que envejecemos porque dejamos de jugar.”

1.E Desde el sentido del humor el profesional debe conocer

  • Quiénes son los más propensos a reírse.
  • Quiénes se ríen más fácilmente.
  • Quiénes tienen una carcajada más contagiosa.
  • Apoyarse en quién tiene más sentido del humor.
  • Quiénes son más receptivos al taller.
  • Si no se realiza un juego, pasar a otro.
  • Estudiar al grupo.
  • Qué tipo de relación previa hay entre los asistentes que pueda facilitar o dificultar la cohesión y las dinámicas.
  • Dejarles claro que participe quien quiera.

Cómo conducir al grupo:

  • No dejar que tenga mucho tiempo para pensar en otra cosa.
  • Estar siempre atento a las reacciones.
  • No dar tiempo a la improvisación mientras se desarrolla el juego.
  • No aceptar sugerencias cuando empecemos.
  • Conocer de antemano a las personas con las que podemos colaborar.
  • Que las instrucciones sean claras y sencillas.
  • Cambiar rápido de juego si no funciona.
Existe una complicidad en el grupo:
  • La risa es contagiosa.
  • La gente se desinhibe más.
  • Se siente uno más cercano.
  • Existe una mayor comunicación.
  • Dicen que la distancia más corta entre dos personas es la sonrisa.

Tener en cuenta:

  • Número de participantes.
  • La edad.
  • Capacidad de movilidad.
  • El lugar y los recursos.
  • Condiciones de seguridad.
  • Juegos anteriores que se hayan realizado.

Muchas personas que acuden a un taller piensan que van a reírse desde el primer momento o que es obligatorio reírse. Nada más lejos de la realidad. Hay personas que en un solo taller logran reírse a carcajadas, mientras que otros simplemente observan y esbozan una pequeña sonrisa. Sería importante conocer, por parte del monitor, en qué proceso se encuentra cada una de ellas para valorar el impacto y el progreso obtenido en cada caso.


1.F Metodología

Utilizaremos una metodología que enseñe a los alumnos las distintas dimensiones de los mayores. Que sea creativa y activa, abierta a las innovaciones pedagógicas, que continuamente se revise, experimente e investigue.

La metodología está basada en el contacto, el reconocimiento, el disfrute, la confianza, la colaboración, el diálogo, la creatividad y la imaginación.

Será una metodología basada en: la práctica participativa, abierta y flexible, la creatividad de los participantes y dejará en ellos una agradable sensación de bienestar, alegría, entusiasmo y confianza. 
 
1.G Temporalidad

El curso tendrá una duración de 48 horas lectivas, distribuido en:

  • Un periodo de tres meses, 1 días a la semana con una duración de tres horas.
  • Fin de semana: los sábados de 10h. a 14h. y de 16h. a 20h. . Los domingos de 10h a 14h durante un periodo de 4 meses dos fines de semana al mes.

1.H Número de alumnos

De 10 a 15 personas


BIBLIOGRAFÍA

  • Díaz Martínez, José Ramón; "EL HUMOR Y EL JUEGO, Como herramienta para mejorar la calidad de vida de las personas mayores.". Editorial ViveLibro (2018)


lunes, 18 de diciembre de 2017

EL ARTE DE APRENDER A FLUIR

 
Mihaly Csikszentmihalyi



"Usted se encuentra en un estado extático en el que se siente como si casi no existiera. Así es como lo he experimentado yo en numerosas ocasiones. En esos casos mis manos parecen vacías de mí y yo no tengo nada que ver con lo que ocurre, sino que simplemente contemplo maravillado y respetuoso todo lo que sucede. Y eso es algo que fluye por sí mismo". (Daniel Goleman, escritor).
Un científico entra por la mañana a trabajar en su estudio y, cuando menos lo piensa, se da cuenta de que ya es de noche y que ha pasado todo el día inmerso en sus tareas, sin ni siquiera alimentarse. Un alpinista escala las arriesgadas cumbres del Everest y, mientras mantiene el control pleno del ascenso, siente que su cuerpo se funde con la roca. Una bailarina realiza con precisión y armonía una serie de complejos movimientos que hace parecer sencillos, al tiempo que ella misma se siente como flotando. Un cirujano acomete una delicada operación y, mientras percibe con todo detalle la interacción entre su bisturí y el órgano del paciente, todo el entorno parece desvanecerse. Un amante hace el amor con su pareja y siente que se fusiona con ella y con el cosmos. Un gourmet saborea un elaborado plato y olvida que ha perdido su fortuna. Unos chicos saltan en monopatín y sus miedos se disipan. Un filósofo piensa y se olvida de que existe. Un músico toca el saxofón y su cuerpo es música. Un niño da sus primeros pasos y percibe que puede caminar...
Todos ellos fluyen en una “experiencia óptima” y no sólo han escapado a la ansiedad y al aburrimiento, sino que, al hacerlo, han logrado poner orden en el caos reinante de sus mentes. Todos ellos están experimentando el disfrute y, además de que recordarán la experiencia como algo placentero, obtendrán de ella el estímulo adecuado para buscar nuevos desafíos y hacer que sus personalidades crezcan y se tornen más complejas.
Hace más de veintitrés siglos, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que más buscan los hombres y las mujeres es la felicidad. Pero los incontables avances tecnológicos y científicos que hemos logrado desde entonces no parecen haber arrojado mayor luz sobre qué es la felicidad, ni nos han ofrecido las herramientas adecuadas para ayudarnos a alcanzarla.
Esto es lo que movió a Csikszentmihalyi a liderar, desde la Universidad de Chicago y con el apoyo de investigadores de todo el mundo, un estudio de orden psicológico para comprender el fenómeno de la felicidad, indagando sobre las actividades que producían el disfrute y la forma en que se sentían las personas cuando disfrutaban de sí mismas. Durante doce años, este equipo de psicólogos realizó entrevistas, formuló cuestionarios y, sobre todo, implementó el Método de Muestreo de Experiencia. Dicho método consistía en entregarle a una persona un “busca” y enviarle unos ocho mensajes de alerta al día, de forma aleatoria, pidiéndole que escribiera lo que estaba haciendo en ese momento y la forma en que se sentía cada vez que recibía el mensaje.

Ante los millones de señales potenciales que están al alcance de una persona en cada instante, su atención es la encargada de seleccionar las piezas de información que considera más relevantes para ingresarlas a la conciencia e ir construyendo con ellas la personalidad.
La combinación de todo lo que ha pasado por la conciencia de una persona -recuerdos, acciones, deseos, placeres y dolores- configura su personalidad, es decir, determina la jerarquía de objetivos que la persona ha ido construyendo, pieza a pieza, a lo largo de la vida. Existe, pues, una relación circular entre la personalidad y la atención, pues así como uno dirige su atención hacia aquellas cosas que su personalidad prioriza, asimismo va configurando su personalidad en función de las cosas a las cuales presta atención. 


 Nos dice Pilar Fernández y María del Mar Morales en su libro "¡Fluye! Vive la felicidad en el presente:

Controla la atención
No hay experiencia de flujo sin una atención continuada. La atención es como una linterna en la noche que nos señala aquello que queremos ver. En una noche cerrada, si no nos valemos de algún objeto que emita luz, nada podremos ver. Y esto es lo que pasa con nuestra conciencia, que debemos centrarla, si se dispersa no nos concentraremos en nada y entonces nuestras ideas divagarán y nos meceremos en un mundo de ensoñación o rumiación.
Nuestra vida se condensa donde centramos nuestra atención, nada hay fuera de la misma, vivimos dentro de los límites de ella.
Este es el secreto: durante la ejecución de la actividad sólo tendremos capacidad para concentrarnos e involucrarnos en la tarea, nos disolveremos en la misma y no habrá espacio ni lugar para ningún otro tipo de pensamiento, sensación o sentimiento. Tan sólo habrá sitio para la concentración y la fusión con la actividad de nuestra elección. Aunque en la práctica, si la actividad se extiende en el tiempo, en algún momento nos detendremos a evaluar como lo estoy haciendo y, tras esto, experimentaremos un punto de inflexión en el que por nuestra consciencia pasará un pensamiento/sentimiento de satisfacción por lo bien que lo estoy haciendo.

Abrirnos a experiencias nuevas
Cuando llegamos a una edad, normalmente tenemos muy claro aquellas cosas que nos hacen disfrutar y aquellas que no. Salvo contadas excepciones, dejamos que esta visión guíe nuestra vida. Haremos las cosas que nos gustan y excluiremos de nuestro catalogo de actividades aquellas que no. Esto frecuentemente nos lleva a encontrarnos dentro de unos parámetros de los que cuesta salir, porque generalmente rechazamos hacer actividades nuevas ya que presuponemos de entrada que no nos van a gustar. Seguro que todos tenemos la experiencia de habernos visto sorprendidos al realizar alguna actividad que en principio nos parecía aburrida o tonta y luego fue todo lo contrario. En otras ocasiones, nos vemos atrapados por los convencionalismos sociales y sentimos vergüenza de realizar algún tipo concreto de actividad, muchas veces porque nos vemos mayores para andar realizando según qué cosas.
Si queremos ser felices, debemos darnos nuevas oportunidades para disfrutar. Para ello hemos de desterrar todo tipo de prejuicios e ideas preconcebidas de lo que deben ser nuestras actividades de ocio, y tan solo tener en mente el objetivo de disfrutar y conseguir fluir. Cuanto más abiertos estemos a realizar actividades nuevas de todo tipo, más oportunidades tendremos para alcanzar nuestro gran objetivo, atraer experiencias de flujo a nuestras vidas que nos pongan en el camino de la felicidad.
Si queremos fluir, debemos buscar las formas de medir el progreso.
Debemos tener clara la manera de progresar en la actividad. Si no sabemos cómo avanzar, en la práctica será imposible conseguir alcanzar el flujo.
Concentrarse en lo que uno hace y realizar distinciones cada vez más precisas en los desafíos involucrados en la actividad.
Si no existe concentración, claramente no puede haber flujo. El flujo es básicamente concentración, es su energía; en cuanto ésta se disipa el flujo cesa. Es como una luz en la noche que nos alumbra; si la luz se apaga, dejaremos de ver.
En esta propuesta, además de la concentración, se nos aconseja que precisemos claramente cuáles son los desafíos que marca la actividad. Cuanto mayor concreción y precisión tengan los retos, mayores garantías tendremos de alcanzarlos.
Desarrollar las habilidades necesarias para interactuar con las oportunidades disponibles
En este apartado se está haciendo alusión a la práctica dirigida hacia el éxito de la actividad. Sin práctica generalmente no hay destreza y mucho menos maestría, por lo que, si somos torpes, no disfrutaremos de la actividad.
Elevar el nivel si la actividad nos aburre
Con la práctica continua vamos a ir adquiriendo competencias mayores cada vez, por lo que permanentemente iremos rompiendo el equilibrio retos-habilidades, y continuamente tendremos que ir elevando los desafíos para no caer en los canales del aburrimiento.
Cómo incrementar el estado de flujo
Andando el tiempo, con la práctica nos acabaremos volviendo más habilidosos al realizar la tarea, por ello debemos ir incrementando los retos, para así ir acercándonos a la excelencia.
No podremos permanecer mucho tiempo en equilibrio competencia/retos, por esto, porque iremos adquiriendo capacidades y, si no incrementáramos el nivel de las metas, pronto se rompería el equilibrio y según nos fueranos volviendo más competentes, e incluso fueranos adquiriendo cierto grado de maestría, nos empezaríamos a aburrir. Por tanto, al principio hay que buscar ese grado de equilibrio, para comenzar a fluir, pero la experiencia de flujo es un proceso y un proceso delicado, en el que habrá siempre que ir incrementando los retos poco a poco para conseguir permanecer en ese estado de flujo. De esta manera además caminaremos hacia la excelencia y éste será un placer añadido, sentirse maestro en algo.

El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace.
LEON TOLSTOI

La batalla por la felicidad es una batalla contra la entropía que desordena la conciencia. El estado opuesto a esa entropía es el de la experiencia óptima, que ocurre cuando la información que llega a la conciencia es congruente con las metas de la personalidad y entonces la energía psíquica puede fluir sin ningún esfuerzo. Cuando alguien es capaz de organizar su conciencia para maximizar las situaciones de flujo, su calidad de vida mejorará invariablemente, porque incluso los asuntos rutinarios del trabajo o el hogar podrán adquirir un propósito y volverse fuentes de disfrute.
Cuando alguien ha optado por una meta y se involucra en ella hasta los límites de su concentración, cualquier cosa que haga le resultará agradable.
Hace ya muchos siglos, Marco Aurelio sentenció: “Si te sientes dolido por las cosas externas, no son éstas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo”. De igual manera, la experiencia óptima, aquella que disfrutamos por ser un fin en sí misma, es un proceso que ocurre en cada persona y que no depende de lo que sucede en el mundo, sino de la forma en que ese individuo lo asimila.


 

Retomando el estudio de Csikszentmihalyi que durante doce años se estudió la vida diaria de miles de personas en todo el mundo, permite elucidar algunos elementos comunes en sus descripciones sobre los momentos de mayor disfrute y realización. Independientemente de que se trate de un escolar en Asia, de un joven escalador en Norteamérica, de un ajedrecista soviético, de una abuela en las montañas de los Alpes o de un director de empresa, la descripción de lo que sienten cuando viven una experiencia de este estilo es sorprendentemente parecida. De sus testimonios se han extraído las siguientes ocho características, que en su conjunto permiten comprender mejor la naturaleza de tales experiencias:
1- Desafío que requiere habilidades.
Según los testimonios recogidos, el disfrute en una actividad llega a su punto máximo cuando los desafíos están en justo equilibrio con las habilidades personales. Es decir, la tarea en cuestión debe ser difícil pero lograble y tener claro que si "lo damos todo" podremos conseguirlo.

2- Concentración y enfoque.
En la medida en que la atención está completamente dirigida a la acción que se realiza, la persona alcanza un altísimo grado de concentración en un campo muy limitado y concreto de atención.

3- Metas claras.
Aunque el tiempo que duran las distintas actividades placenteras es muy variable, y mientras que unas culminan en pocos segundos otras pueden alargarse días enteros, en todas ellas la persona es consciente de las metas o propósitos finales.
Pero según lo detectado en este estudio, las actividades que llevan en su propia esencia el libre espacio de la improvisación sólo llegan a disfrutarse cuando sus protagonistas son capaces de ir construyendo las reglas y las metas sobre la marcha. Y así como el pintor va definiendo con cada trazo su objetivo final, así mismo los músicos de jazz van dándole un cauce definido a una improvisación musical.

4- Directa e inmediata retroalimentación.
En realidad, el tipo de retroalimentación que se reciba es irrelevante: lo importante es poder tener la sensación de que la tarea o actividad se está haciendo bien, porque sentir que se ha tenido éxito en alcanzar la meta crea orden en la conciencia y fortalece la estructura de la personalidad.

5- No hay espacio para otras informaciones.
En los momentos de flujo la atención excluye toda la información que ocupa la cabeza y que no es de utilidad para lo que se está realizando; las preocupaciones de la vida ordinaria quedan excluidas de la mente. Es como si la persona, mientras se mantiene la actividad, desconectara su memoria y alejara la entropía poniendo orden en su mente y olvidando los aspectos desagradables de la vida.

6- Un sentimiento de control personal sobre la situación o actividad.
Pero esto no es una característica exclusiva de los deportes de riesgo, pues toda experiencia de flujo involucra la sensación de tener el control o la falta de preocupación por perderlo. De hecho, dicha sensación de controlar la entropía explica también por qué las actividades de flujo pueden ser tan adictivas y por qué, por ejemplo, tantos ajedrecistas vuelven la espalda al “desorden” del mundo real.
Si bien algunos consideran que los juegos de azar constituyen una excepción a esta regla, lo cierto es que el disfrute de estos jugadores está íntimamente ligado a la sensación subjetiva de que controlan el destino y de que sus habilidades juegan un papel importante en el resultado.

7- Pérdida del sentimiento de autoconciencia.
Cuando se experimenta la sensación de flujo, desaparece de la conciencia algo a lo que comúnmente dedicamos mucha atención: la propia personalidad. Muchas personas describen estos episodios diciendo que es como si no tuviesen ego, y, como las demandas del “yo” consumen continuamente una elevada cantidad de energía, el liberarse de ellas deja el camino libre para que la atención se dedique a otros fines. Paradójicamente, cuando logramos olvidarnos de quién o de qué somos, podemos expandir aquello que somos. La experiencia óptima permite así una forma de trascendencia, pues al perder momentáneamente la personalidad, sobrepasamos el propio yo, que podrá emerger con más fuerza tras la experiencia vivida.
Este fenómeno, adicionalmente, suele venir aparejado a una sensación de fusión con el entorno que, según el caso, puede estar configurado por la montaña, el mar, el colectivo de personas con el que se realiza la actividad o cualquier otro componente del cosmos.

8- Distorsión del sentido del tiempo.
Durante el disfrute de la experiencia, la dimensión objetiva del mundo externo se vuelve irrelevante y la percepción subjetiva de la experiencia temporal se ve alterada. Por eso muchas personas afirman que el tiempo parece pasar más rápidamente, mientras que otros, como un bailarín de ballet describiendo un complicado giro que dura menos de un segundo en tiempo real, afirman que los segundos pueden llegar a durar eternidades.



En todo caso, las investigaciones adelantadas permiten ver que hay algunas actividades especialmente propicias para suscitar estados de flujo, y que hay, también, ciertas características personales que ayudan a alcanzar ese estado de disfrute y trascendencia.
En todo caso, y como ya se ha dicho, las circunstancias externas no son suficientes para explicar el fenómeno del flujo. Así como una persona libre, en una cultura que promueve el disfrute y la felicidad, puede ser incapaz de superar el tedio y la apatía al realizar una actividad típicamente satisfactoria, otra persona puede vivenciar una experiencia óptima en medio de la adversidad más aterradora: ahí están para probarlo los testimonios de muchos supervivientes de los campos de concentración o las personas que tras quedar parapléjicas o ciegas, sostienen que su desgracia les ha permitido enfocar su atención en unas metas muy bien definidas, reduciéndoles las elecciones no esenciales y, de esta forma, dándoles sentido a su existencia. Ante estos ejemplos de control de la conciencia y de virtud, conviene recordar estas palabras que Francis Bacon atribuía a Séneca: “Las cosas buenas que provienen de la prosperidad deben ser deseadas, pero las cosas buenas que provienen de la adversidad deben ser admiradas”.

Si tenemos claro, estos tres puntos que voy a citar, seguro que vamos a producir muchos momentos de flujo en nuestras vidas:
  1. Tener siempre unas metas claras (aunque vayan evolucionando) y que la retroalimentación sea inmediata.
  2. Lograr vivir al máximo el presente.
  3. Y lograr un equilibrio constante entre nuestras habilidades y nuestros desafíos.

La “gente de flujo”, en definitiva, sería aquella que logra disfrutar de situaciones que otros encontrarían insufribles y convertir condiciones objetivamente adversas en experiencias subjetivamente agradables. Tal vez la característica primordial de estas personalidades consista en no ser conscientes de sí mismas o en tener un propósito firmemente dirigido que apunta hacia fuera del propio yo. Contar con la autoconfianza necesaria para poder concentrar la energía psíquica en algo diferente de uno mismo da la libertad para observar y analizar el entorno, y descubrir en él nuevos retos para la acción. Bertrand Russell sintetizó con precisión lo que constituye construir una personalidad autotélica: “Gradualmente aprendí a ser indiferente a mi yo y mis deficiencias; centré mi atención cada vez más sobre los objetos externos”.
Lo más sencillo para mejorar la calidad de vida consiste en aprender a controlar el cuerpo y sus sentidos. Cuando éstos no han sido educados, arrojan una información caótica; pero si uno toma conciencia de las capacidades del cuerpo y aprende a imponer orden en él, la entropía cederá ante una agradable armonía en la conciencia. En realidad, el disfrute de las actividades físicas no depende de lo que se hace, sino de la forma en que se hace. Para alcanzar el flujo, músculo y cerebro deben involucrarse de la forma indicada; no basta con realizar las actividades buscando una meta externa, como estar a la moda, sobresalir u obtener privilegios.
En un lapso de doce años, desde la primera aparición de artículos en revistas académicas sobre el flujo, este concepto ha resultado muy útil a psicólogos, sociólogos, antropólogos, evolucionistas y religiosos. Pero su alcance ha rebasado el ámbito de las discusiones académicas y ha encontrado un sinnúmero de aplicaciones prácticas; instituciones educativas, organizaciones empresariales, diseñadores de productos para el ocio y el disfrute, psicoterapeutas clínicos y muchos otros, han encontrado en la noción de “flujo” una alternativa inestimable para mejorar la calidad de vida de las personas.
Por la gran influencia que ejercen sobre nosotros y por los largos periodos que dedicamos a ellas, las dos dimensiones de la vida humana que mayor impacto tienen en la calidad de vida son el trabajo y las relaciones con otras personas. En ambos casos, una conciencia bien estructurada, capaz de enfocar la atención en actividades intrínsecamente gratificantes, podrá sacar el máximo provecho de las situaciones, derivando de ellas diferentes fuentes de disfrute.

 
Para finalizar y como reflexión pienso que la vida es una sucesión continua de momentos. Y que sean buenos, regulares o malos dependerá de tu juicio o actitud, y que el arte de fluir con ellos no es más que el arte de vivir.
¿Puede haber felicidad mayor que sumergirnos frecuentemente en esas actividades que nos entusiasman?

BIBLIOGRAFÍA:
Pilar FERNÁNDEZ MARÍN Y María del Mar MORALES HEVIA: ¡FLUYE! Vive la felicidad en el presente. (2017). ED. Edaf
Mihaly CSIKSZENTMIHALYI: FLUIR


viernes, 15 de septiembre de 2017

El cómo y el con quién “de mi” jubilación lo decido Yo


(Parte 1)



Introducción: "Nos hacemos mayores"

Profundizamos en nuestro mundo interior, parar y reflexionar sobre nosotros, sobre nuestros intereses, llegando a hacer un alto en el camino y empezarnos a plantear si nuestra vida necesita un cambio, si esos sueños que tengo me apetece que se cumplan.
Esto es lo que vamos a trabajar en este proyecto, en esta búsqueda de uno mismo, acercarnos a descubrir lo que nos lleva a ese cambio, cuáles son los factores, tanto externos e internos, que nos llevan a él, con qué barreras nos podemos encontrar, qué nos motiva a realizar el cambio, cómo recuperamos viejos sueños de juventud.
Lo que hicimos en el pasado no lo podemos cambiar en el presente, pero sí podemos comenzar a actuar para modificar nuestro futuro. Podemos empezar hoy mismo decidiendo algo, algo que, aunque no sea muy grande, sí nos valga y nos traiga consecuencias para mañana.


“Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio.”
PAULO COELHO

Pero la máxima expresión de privación de autonomía se pone de manifiesto cuando los hijos deciden, sin consultarlo con sus padres, que éstos deben vivir en una residencia o centro geriatrico, porque, a pesar de no sufrir ninguna enfermedad ni incapacidad, están muy "mayores y solos", sin tener en cuenta otras alternativas a la internación como el cuidado domiciliario, los centros de día, etc. El ingreso en la institución marca el inicio de un proceso creciente de pérdida de independencia personal. Los residentes deben:
  • Someterse a normas institucionales y de convivencia como horarios de comida, de descanso, de recreación, etc.
  • Compartir lugares comunes, hasta los dormitorios, con personas desconocidas.
  • Resignarse a la pérdida, no solamente de su hogar, sino de todos los objetos que lo conformaban: muebles, plantas, animales, etc.
  • Separarse de sus amigos, vecinos, familiares.
  • Muchos son despojados de sus bienes por sus apoderados que se apropian de sus ingresos mensuales o de sus propiedades.
Dentro de la institución es muy reducido el margen de opciones y son escasos los estímulos para fortalecer la independencia: no se cocinan, no se lavan la ropa, no limpian, ni reparan, ni mantienen el lugar de residencia. Otros, lo hacen por ellos: Hay personal capacitado para realizar todas las tareas, incluido su propia higiene y aseo. Es tan significativa la relación de dependencia que genera la institucionalización que los residentes, en muchos casos y una vez que se adaptan, son resistentes a las salidas a la casa de familiares o a los paseos programados por la institución, y sólo recién cuando regresan, vuelven a sentirse seguros.
Debo dejar claro además, que me estoy refiriendo en estos casos sólo a los mayores que pierden su autonomía, por enfermedad tanto física, (problemas de movilidad) o psíquica, (Demencia, alzhéimer) pero esto no significa que todos los adultos mayores sufran el mismo fenómeno. Por el contrario, hay personas que siguen ejerciendo plenamente sus derechos y aún cuando hayan sufrido una pérdida de autonomía sobre el control de su cuerpo, son respetadas y consultadas en sus deseos y decisiones. Esta es una actitud ante el propio envejecimiento por parte del mayor y, ante la vejez en general, por parte del grupo familiar y social del entorno más próximo, que consideran a esta etapa como una etapa más de la vida, de la cual nadie está exento, y que debe ser vivida con la dignidad que corresponde a todo ser humano.
Los seres humanos conocemos lo que somos a través de la visión que los otros tienen de nosotros. La forma en que se caracteriza a los adultos mayores, contribuye en gran medida a crear la situación y condiciones sociales en las cuales éstos viven. Cada sociedad crea un cristal a través del cual tiene una determinada visión de la realidad. En nuestra sociedad capitalista, donde la productividad es la medida del valor de la persona, los viejos como no producen ni consumen, pierden valor y, como consecuencia, pierden poder. En nuestra cultura posmoderna, que exalta la juventud, la belleza exterior y la vertiginosidad, los mayores ocupan en la escala social el último lugar.
En definitiva, es el medio social el que crea la imagen de la gente mayor a partir de sus normas y de los ideales y valores que persisten en cada época. Y los ancianos asumen el papel que se les asigna desde los medios de comunicación, desde las instituciones, desde los profesionales que trabajan por su bienestar y desde la opinión general; y cumplen este mandato, porque es lo que se espera de ellos. Si la creencia es que ellos no pueden, no deben, no saben hacer, pensar, decir y sentir determinadas cuestiones, ellos terminan convencidos de que es así y que es más conveniente delegar las decisiones en los adultos.
La imposibilidad de ejercer el derecho de decidir sobre la propia vida significa no poder decidir dónde vivir, con quién vivir, cómo vestirse, qué comer, a dónde salir, cómo administrar el dinero, planificar el futuro, hablar sobre lo que se desea y llevarlo a cabo. Es decir, que no decidir sobre la propia vida implica no ejercer los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad, el derecho a la libertad de expresión y de pensamiento, el derecho a la privacidad, a la sexualidad, a la educación.
Pero, desafortunadamente, las barreras que se imponen a los adultos mayores para ejercer estos derechos no son vistas como violaciones a los derechos humanos. Se despoja a los mayores de ciertas necesidades y capacidades humanas, como por ejemplo la sexualidad, la creatividad, el aprendizaje, etc. Esta actitud con los viejos está instalada y naturalizada en casi toda la sociedad. Y desnaturalizarla es uno de los objetivos de la educación para el envejecimiento.

Tener suerte o no depende de algo más que la mera casualidad. Con frecuencia, las personas que han triunfado comparten actitudes parecidas, como la perseverancia, la confianza en sí mismos, el optimismo, la ambición y el sentimiento de frustración. La forma de percibir nuestras circunstancias, así como las de crear y aceptar las oportunidades, depende en gran medida de lo que esperamos de nosotros mismos.
Las aptitudes no llegan a hacerse patentes a menos que tengamos la oportunidad de utilizarlas. La consecuencia, desde luego, es que puede que nunca descubramos nuestro verdadero proyecto. Depende mucho de las oportunidades que tenemos, de las que creamos, de si las aprovechamos y de cómo lo hacemos.
Todos los miembros de la sociedad debemos reconocer esta situación porque todos somos responsables de su reproducción, y los adultos mayores deben ser conscientes de que son objeto de esta discriminación y adoptar una posición de crítica y cuestionamiento a esta actitud, porque son ellos los que mejor pueden asumir una defensa activa de sus derechos. Para que esto sea posible, los trabajadores del campo de la Gerontología debemos generar las condiciones externas e internas en los grupos de adultos mayores y en el resto de la sociedad para promover este debate.
No sabemos cómo será el futuro, pero el único modo de prepararse para él es sacar el máximo provecho de nosotros mismos, en la convicción de que al hacerlo seremos todo lo flexibles y productivos que podamos llegar a ser.
Todos tenemos habilidades e inclinaciones que pueden servirnos de estímulo para alcanzar mucho más de lo que imaginamos. Entender esto lo cambia todo.

Perspectivas que nos depara el hacernos mayor:

Podemos seguir un plan para el cambio:

  1. pensar y visualizar cómo me gustaría que fuera mi vida.
  2. visualizar las situaciones que no nos gustan, las que quisiéramos cambiar.
  3. visualizar alguna situación donde usted haya tomado las riendas y lograra cambiarla en su favor.
  4. Motivación: ver si me apetece el esfuerzo y cómo afectaría a mi vida. No cambie solo por cambiar, piense sobre ello.
  5. Acción: ¡ya, póngase en marcha!

“Lo que lamentamos no es lo inalcanzable, sino lo alcanzable no alcanzado”.





El día a día

“Entre envejecer en casa, con una vejez que se presenta difícil, o la de que sólo me planteen como alternativa la residencia, tan temida para muchos, está el compartir con quien quiera, o como yo quiera, mi tiempo y mi vejez; quiero empezar desde ahora mismo e ir marcando mis tiempos y mis ideas sobre lo que deseo y juntarme con quien piensa igual o parecido a mí.”

Nos obligan a ir por un carril, igual que un tren. Sin salirse del trazado. Mucha gente quiere vivir de otra manera, pero cree que no se puede. Y sí, se puede. Incluso en la mitad de la vida es posible empezar un nuevo camino.

Tres son los factores clave que conducen al éxito: estar dispuesto a hacer sacrificios, asumir ciertos riesgos y poseer visión de futuro.

Quiero buscar maneras, acuerdos donde un grupo de personas creen vínculos y con el tiempo estén capacitadas a compartir unas normas de vida, de convivencias para hacer más llevaderas las actividades diarias. Es decir crear un entorno que sea amigable y comprometido.

Creo en el grupo, en la fuerza que tiene, en la ayuda emocional que puede provocar para que las personas permanezcan activas realizando las actividades con las que se encuentren a gusto. Donde se promueva una convivencia de respeto y buenas normas. Donde se participe de manera activa, crítica. Donde abunde una buena comunicación, basada en la empatía, donde tengamos la libertad de ser asertivos.

Debemos llegar a convivir en comunidades donde la ética de unión debería ser el respeto y la solidaridad. Comunidades donde seamos activos y donde todos participen, donde se excluya todo tipo de manipulación animando a todos los miembros del grupo a que sean protagonistas. Donde los ritmos los ponga cada uno.

Pertenecer a un grupo y participar en su actividad llevará a que surjan inquietudes y necesidades que les motivará para el buen desarrollo de sus tareas. Esto provocará que el grupo llegue a un compromiso colectivo que hará mejorar sus situaciones personales y sociales de cada uno de sus miembros creando una especie de contrato de solidaridad entre todos.




Dar paso a la generación inconformista

Debemos prepararnos para recibir a los años, para ocupar nuestro puesto de mayor. Prepararnos para conocer lo que nos viene encima y sepamos que incluso puede ser bastante desesperanzador. No debemos depender de nadie, tenemos edad para saber lo que nos conviene y cómo querer vivir a partir de nuestra jubilación.

Es nuestra generación a quien corresponde descubrir una nueva manera de envejecer.

Muy pronto nos vendrá la jubilación: “Es tiempo de ruptura, transformación y cambio. Entraña pérdidas y riesgos, pero también compensaciones y logros. Se pierde poder y prestigio social aparente, se gana libertad personal y autogobierno. Disminuye la aceleración en la acción, aumenta la contemplación y la profundidad interior. Hay menos vértigo en el trabajo, menos estrés y preocupaciones apremiantes, y con ello la oportunidad de ampliar la visión serena de las cosas, la benevolencia y la comprensión de la condición humana”.

Quiero hacer una pequeña reflexión y para ello voy a partir de unas ideas de Belando con las que voy a conectar y deciros hacia dónde debe ir dirigido nuestro futuro, tanto como educadores como personas que van a llegar a la vejez:
(Belando, 2000:37:38). Destacamos las siguientes:

La persona que envejece debe desarrollar estrategias de afrontamiento constructivas para tener un envejecimiento saludable, pero dichas estrategias deben estar presentes en etapas anteriores de la vida; de otro modo seria difícil su adopción, aunque no imposible, pues el ser humano es susceptible de perfeccionamiento y puede adquirir en esta etapa hábitos saludables de vida.

Tener vínculos de intimidad, afecto y cariño, no solamente con la pareja y la familia, sino con los amigos y otros grupos.
Se ha comprobado que el grado de organización y complejidad del comportamiento diario de una persona es un aspecto que influye en la longevidad. El adulto mayor cuando se jubila debe tener un proyecto de vida y reestructurar su tiempo y su espacio haciendo que sean de vitalidad personal (Escarbajal, 1994). el educador debe reforzar en la persona mayor los hábitos y conductas enmarcadas en un alto nivel de organización. Puede resultar muy beneficioso que el anciano realice una planificación de sus actividades diarias.

Buscar nuevas metas, nuevos motivos de satisfacción y orgullo, es un medio para conseguir ser feliz en esta etapa de la vida. “Saber envejecer es la mayor de las sabidurías y uno de los más difíciles capítulos del gran arte de vivir. Anclándose en el pasado, solo se conseguirá frenar el desarrollo y acelerar la decrepitud.